Javier Pérez de Cuéllar fue el quinto secretario general del organismo entre enero de 1982 y diciembre de 1991.(Foto: AFP)
Javier Pérez de Cuéllar fue el quinto secretario general del organismo entre enero de 1982 y diciembre de 1991.(Foto: AFP)
Redacción EC

Hay que tener coraje para dirigirse al mundo mientras se recibe un , y reclamarle a que pague sus cuotas. El 10 de diciembre de 1988, en Oslo, lanzaba un dardo a ese y otros países que no habían cumplido con sus obligaciones financieras con las Fuerzas de Paz de las Naciones Unidas. El futuro del grupo internacional dependía de su apoyo.

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Pero poco se recuerda de esa resondrada que hizo el peruano cuando recibió, en representación de las -de la que era secretario general-, el .

La entrega estuvo exenta de polémica, lo que fue destacado -tal como publicó este Diario al día siguiente- por Egil Aarvik, entonces presidente del comité del Nobel de la Paz. Poco importaba que las Fuerzas de Paz de la ONU estuvieran integradas, además de las Boinas Verdes (observadores que no portan armas), por los Cascos Azules, su lado militar.

Por primera vez en la historia, [este galardón] se da a una organización que, por lo menos en parte, consiste de fuerzas militares. Sería razonable preguntarse si esta no es una contradicción directa con la idea del premio”, cuestionó.

Y agregó: “El hecho que esta pregunta no haya surgido, es una indicación de que se acepta universalmente que las Fuerzas de Paz de la ONU están dentro del espíritu del premio”.

Aarvik luego destacó que el comité pensaba exactamente eso, que las acciones de los servían para mantener la paz y que contribuían a “hacer realidad las ideas por las que se formó la ONU”.

1988. El secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuellar (izquierda), recibe el premio Nobel de la Paz conferido a las Fuerzas de Paz de la organización, de manos del presidente del comité del famoso premio, Egil Aarvik (Foto: Reuters).
1988. El secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuellar (izquierda), recibe el premio Nobel de la Paz conferido a las Fuerzas de Paz de la organización, de manos del presidente del comité del famoso premio, Egil Aarvik (Foto: Reuters).

LA VIDA POR LA PAZ

La tarde de ese sábado, en el salón de conferencias de la Universidad de Noruega, Pérez de Cuellar aceptó los US$ 350 mil que acompañan el premio. Frente al rey Olav V, el peruano dijo que el premio era “un brillante tributo a aquellos que lo hicieron una realidad”.

Entonces, 10 mil tropas de las Naciones Unidas se encontraban regadas en siete regiones del mundo. Y desde 1948, cuando se les encargó a los Casos Azules, mantener la paz, más de 500.000 hombres de 58 países habían servido al grupo, y 733 habían fallecido. El galardón era para todos ellos.

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El mantenimiento de la paz utiliza a los soldados como servidores de la paz antes que como instrumentos de guerra. Introduce en la esfera militar el principio de la no violencia”, Pérez de Cuellar.

Ronald Reagan y Mijail Gorbachov, líderes de Estados Unidos y la Unión Soviética quienes también eran , felicitaron a las Naciones Unidas.

Actualmente, de todas las partes del mundo que pertenecen a los Cascos Azules. Entre sus tareas destacan: proteger civiles, vigilar fronteras en litigio, vigilar y observar los procesos de paz tras un conflicto, dar seguridad en zonas de conflicto y durante procesos electorales, prestar ayuda a sus pares de otros países y capacitarlos. No se trata de una reserva permanente, sino que, luego de ser autorizados por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, recién se hace el llamado a los Estados miembros para convocar al personal necesario.

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