El escándalo de las vacunas, por María Alejandra Campos
“Si bien la transparencia de Sagasti en la conferencia de prensa es un avance en la comunicación a la población, queda una deuda inmensa en contar la historia completa”. Escribe María Alejandra Campos.
"Vizcarra, muy a su estilo, nunca nos mintió descaradamente. Utilizó con precisión imprecisa el lenguaje para decir sin decir o limitarse a implicar conclusiones equívocas".
Por alguna razón que escapa a mi entender, el asunto de la compra fallida de vacunas no ha generado una ola de indignación en la población. Parece haber, más bien, cierta resignación o negación hacia la realidad. Lo cierto es que, aunque la reacción ciudadana no acompañe la gravedad de la situación, este debe ser uno de los principales escándalos de un año que ha estado plagado de malas noticias.
Tal y como admitió el presidente Francisco Sagasti en su última –y extensa, extensísima– conferencia de prensa, el Estado Peruano no tiene cerrado ningún contrato con ningún laboratorio para adquirir las famosas vacunas contra el COVID-19. Lo máximo que se ha avanzado son un par de acuerdos preliminares que no prometen fechas de entrega ni cantidades.
Sin embargo, durante meses, el expresidente Martín Vizcarra había hecho creer a los peruanos lo contrario. Múltiples declaraciones suyas llevaban a pensar que las adquisiciones del Perú iban por un camino sólido y que las vacunas llegarían a principios del próximo año. No había entonces de qué preocuparnos y, a medida que la reactivación económica avanzaba, los peruanos íbamos relajándonos poco a poco. Qué daño podía hacer una reunión con amigos o familiares si en tres meses estaríamos todos inmunizados.
Vizcarra, muy a su estilo, nunca nos mintió descaradamente. Utilizó con precisión imprecisa el lenguaje para decir sin decir o limitarse a implicar conclusiones equívocas.
No conforme con generar expectativas irreales en la población, el Gobierno de Vizcarra tampoco se preocupó por implementar un plan que impida el rebrote del COVID-19 en el país ni, mucho menos, por diseñar una estrategia de convivencia con el virus el 2021.
Además, cabe recordar que el Perú es el conejillo de indias gratuito de diversos laboratorios internacionales que están probando sus versiones de la vacuna en nuestros compatriotas. Todo ello, sin ningún acuerdo previo que los obligue a vendernos dosis de sus productos una vez que hayan sido validados.
Vizcarra, muy a su estilo, nunca nos mintió descaradamente. Utilizó con precisión imprecisa el lenguaje para decir sin decir o limitarse a implicar conclusiones equívocas. Así, nunca mencionó la palabra contrato, sino habló de acuerdos. No dijo que se habían comprado vacunas, sino que estas se habían asegurado. Un lenguaje común entre los políticos que él domina con maestría. Sin embargo, una cosa es contar medias verdades cuando se trata de la política ‘regular’ del país y otra hacerlo cuando está en juego –literalmente– la vida de los ciudadanos.
Con la verdad oculta tras el sello de ‘confidencial’ asignado por el Gobierno, el discurso de la llegada de las vacunas fue transmitido por todos los medios de comunicación a la población. La dimensión exacta de las consecuencias de esta mentira es difícil de medir. Sin embargo, sí podemos afirmar que ha tenido un impacto directo en la percepción de la opinión pública de que la crisis estaba llegando a su fin y, por ende, en el nivel de cuidado que los peruanos teníamos frente a la pandemia. El rebrote será, sin duda, vástago de la mala información que entregó el Gobierno a sus ciudadanos.
Francisco Sagasti, en vivo: primera conferencia sobre avance del coronavirus en el Perú. FOTO: Consejo de Ministros
Hoy, Vizcarra intenta desviar la atención hacia el malo de siempre: el Congreso. Este, por supuesto, tiene su cuota de responsabilidad, pero no es, ni de cerca, la principal razón por la que las negociaciones no se cerraron.
Si bien la transparencia de Sagasti en la conferencia de prensa es un avance en la comunicación a la población, queda una deuda inmensa en contar la historia completa. Los peruanos merecemos saber qué pasó. Además, es urgente que el Gobierno prepare al país para lo que se viene el próximo año: sin vacuna, toca tener una estrategia de convivencia con el virus o resignarnos a ver morir compatriotas por millares, como hicimos este año.