Mario Ghibellini

¿Es o se hace? Tal es la pregunta central que existe con respecto a . ¿Cree él realmente, por ejemplo, que el exministro de Economía es un ‘Chicago Boy’ o lo dice solo para poder sostener que el fracaso económico de este Gobierno no es culpa de la izquierda? ¿Está de verdad convencido de que los grandes endeudamientos externos para gastarlos en programas asistencialistas son una receta “neoliberal” o es esa solo una tesis iluminada que recita para ver si algún desinformado se la compra?

Como se sabe, el sentenciado secretario general de Perú Libre visitó esta semana, en más de una entrevista, sus viejos lugares comunes sobre todo aquello que en realidad ignora e incluyó esos peregrinos apuntes ideológicos entre ellos.

Pero si bien no podemos estar seguros de si esas elucubraciones corresponden a una confusión conceptual propia o a la voluntad de generarla en el prójimo, de lo que no cabe duda es de que el exgobernador regional de Junín tiene ya muy claro que su dinámico sueño de que se convoque a una consulta popular que en última instancia conduzca a la elección de una asamblea constituyente no se le va a cumplir.


–Dr. Enigma–

Lo más probable, en efecto, es que la iniciativa presentada días atrás por el Ejecutivo no salga viva de la Comisión de Constitución del Congreso. Y si por alguna circunstancia azarosa no fuese enviada por ese grupo de trabajo parlamentario al archivo, pues el pleno se encargaría de hacerlo. Las razones legales y políticas que permiten anticipar ese desenlace abundan y Cerrón –que sumar dos más dos puede– tiene que haber percibido ya el olor a guardado que el proyecto despide desde que llegó a la mesa de partes del Legislativo.

Sin embargo, como alguien parece haberlo persuadido de que es un estratega cunda, el sentenciado que nos ocupa improvisó el miércoles un tango sobre un presunto “plan B” que le permitiría salirse con su gusto. Así, en una entrevista concedida esta semana a un medio televisivo, proclamó que, ante la eventualidad de que una mayoría de la representación nacional no le diese luz verde a la modificación constitucional de sus anhelos, “el partido y su bancada han propuesto un plan B que definitivamente tiene que ver con el Congreso de la República”. Una frase sibilina que daría la impresión de querer asustar a tanto infante que corretea por el hemiciclo con el fantasma de que en cualquier momento podrían hacer que se le acabe el recreo.

Ante el pedido insistente de que precisase si el mentado plan entrañaba un cierre del Parlamento, el mandamás de Perú Libre decidió envolverse en el misterio. “No podría decirle sí o no”, deslizó en un tono que recordaba a los grandes del enigma angustiante: la esfinge de Tebas, Nostradamus, el Acertijo... Y luego guardó silencio, sugiriendo que él sabía algo que nosotros no.

Una pretensión inverosímil, desde luego, pero el mayor de los problemas de esta incursión suya en el juego de las adivinanzas intimidadoras fue que no hizo temblar a nadie. Como es harto conocido, la disolución del Congreso solo procede constitucionalmente cuando una representación nacional les ha negado la confianza a dos gabinetes, y eso no ha ocurrido ni parece que esté próximo a ocurrir. A lo mejor imaginó el Dr. Enigma que su asolapado ultimátum despertaría en los actuales ocupantes de curul la fantasía de una multitud congregada en la plaza Bolívar reclamándoles someterse al “clamor del pueblo”... Pero la última encuesta de Ipsos, que muestra que solo un 7% de la población considera el asunto de la asamblea constituyente prioritario, les limó los colmillos también a esa amenaza.

‘El pueblo’, como hemos señalado antes, es una abstracción demagógica que sirve para aludir sin hacer distinciones a lo que en realidad es un vasto universo de individuos con ideas propias. Individuos que forman ocasionales mayorías y minorías sobre los distintos asuntos que pueden ser sometidos a su consideración. Y en este caso, los individuos que estarían dispuestos a marchar sobre el Congreso para obligarlo a seguir los antojos de Cerrón no parecen ser legión. Más que un plan B, en consecuencia, lo que se traería entre manos el exgobernador de Junín es apenas un plan ¡bu!, que no conseguirá espantar ni a esos parlamentarios que todavía no entienden cómo así terminaron sentados en donde ahora se encuentran.


–Pasión sin frenos–

Que no logre atarantar a los matreros inquilinos del Palacio Legislativo, sin embargo, no quiere decir que no pueda tocar de nervios al inquilino de Palacio de Gobierno: un cometido que al líder de Perú Libre le resulta fundamental alcanzar si no quiere que ese tornadizo socio suyo lo termine dejando solo con su pena y solo también con su condena. Y es en ese contexto que, a juicio de esta pequeña columna, debe ser analizado el curioso proyecto del congresista oficialista Pasión Dávila para recortar el mandato presidencial (la iniciativa habla también de recortar el mandato congresal, pero en sus pesadillas sobre una brusca expulsión del paraíso el profesor Castillo solo tiene sitio para sí mismo).

Como se sabe, a pesar de que la bancada cerronista retrocedió ayer en su presunta determinación de llevar adelante este empeño, el mencionado legislador ha dicho que él insistirá. ¿Qué pasión se agita detrás de Pasión en medio de esta intrincada trama? Habrá que preguntarle al Dr. Enigma.

Mario Ghibellini es periodista

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