“Después de pasar una noche en la selva, recién somos conscientes de que vivimos en un planeta vivo. El problema es que somos primates sociales pensando en nosotros mismos”, comenta el aclamado biólogo Thomas Lovejoy, asesor científico del Gobierno estadounidense, que trabaja en la zona amazónica desde 1965. Quien acuñó el término ‘diversidad biológica’ y que hoy transita entre salones gubernamentales y el suelo lodoso de la selva amazónica, nos visita en esta extensa llanura cubierta de vegetación tropical para alertarnos, una vez más, que el futuro de la Amazonía depende de Madre de Dios.
“Quedarse de brazos cruzados no es una alternativa”, señala el experto. Y quizá lo primero que habría que hacer es enterarnos de la verdadera magnitud del problema: 12.503 hectáreas han sido deforestadas al sudeste de la Amazonía peruana en los últimos cinco años, a raíz de la minería ilegal, según el Proyecto de Monitoreo de la Amazonía Andina – MAAP. Tres áreas protegidas se hallan en riesgo por la fiebre del oro: la Reserva Nacional Tambopata, el Parque Nacional Bahuaja Sonene y la Reserva Comunal Amarakaeri.
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— Revista Somos (@SomosElComercio) 21 de enero de 2017