‘Timing’ de nutrientes: no solo es lo que comes, sino cuándo

Para que tu cuerpo regule su glucosa, su energía y su rendimiento, no solo basta con elegir lo que ingieres: el momento del día en que comes también puede jugar a tu favor o en contra. Aquí te dejo unas recomendaciones.
No se trata de vivir obsesionado con el reloj para medir cada bocado, pero sí de entender que nuestro cuerpo tiene ritmos.

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Durante años hemos hablado de , y ‘superfoods’. Hemos aprendido a elegir mejor los alimentos, a leer etiquetas, a buscar más proteína o más fibra. Pero hay una pieza que muchas veces queda fuera de la conversación: el ‘timing’. Es decir, cuándo comes. No es un detalle menor. Tu cuerpo no funciona igual a las 7 a.m. que a las 10 p.m. Hay ritmos internos —los famosos ritmos circadianos— que regulan hormonas, digestión, metabolismo y energía. Y el momento del día en el que comes puede jugar a favor… o en contra.

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Y es que no se trata solo de calorías o nutrientes, sino de entender los ritmos naturales del cuerpo. Sabemos, por ejemplo, que la sensibilidad a la insulina es mayor durante el día y disminuye en la noche, lo que significa que el cuerpo gestiona mejor los carbohidratos en horas más tempranas. También se ha visto que concentrar la mayor parte de la ingesta en el día, en lugar de la noche, se asocia con mejor control metabólico, más energía y mejor calidad de sueño. En otras palabras, no es solo qué comes, es cuándo tu cuerpo está más preparado para procesarlo.

Cenar muy tarde, o hacer comidas muy grandes en la noche, hará que te sientas más pesado, con una peor digestión y un sueño más fragmentado.

Pensemos en la glucosa. Cuando comes, tu cuerpo eleva el azúcar en sangre y libera insulina para gestionarla. Esto es normal y tu cuerpo es capaz de controlar esto si es que no hay un desorden metabólico. Pero una cosa sí es cierta: esa respuesta no es igual durante todo el día. En la primera parte del día, tu cuerpo suele manejar mejor la glucosa; en la noche, el cuerpo está preparándose para dormir, y la sensibilidad a la insulina disminuye. Esta es una de las razones por las cuales cenar muy tarde, o hacer comidas muy grandes en la noche, puede sentirse más pesado, con una peor digestión y un sueño más fragmentado. No es que el alimento “cambie”, es tu fisiología la que ya no está del mismo ritmo.

Ahora, hablemos de energía. Saltarte comidas o espaciar demasiado la alimentación puede generar caídas de glucosa. Y cuando eso pasa, el cuerpo activa el cortisol para compensar. El resultado puede ser cansancio, irritabilidad y antojos por cosas dulces. No es falta de disciplina, es tu biología tratando de estabilizarse. Por eso comer de forma más distribuida y estratégica puede ayudarte a mantener niveles de energía más estables durante el día. No se trata de comer todo el tiempo, sino de evitar extremos: ni picos ni caídas bruscas.

En el contexto del ejercicio, el ‘timing’ se vuelve aún más evidente. Entrenar en ayunas, por ejemplo, puede funcionar para algunas personas, pero no es ideal para todos, especialmente en mujeres con entrenamientos muy intensos. Sin suficiente energía disponible, el rendimiento puede bajar, la fatiga aumenta y el cuerpo puede entrar en un estado más catabólico. Por el contrario, llegar a un entrenamiento con una buena base de energía, por ejemplo, incluyendo carbohidratos y algo de proteína antes, mejora el rendimiento y la capacidad de recuperación. Y lo mismo ocurre después: una comida que combine proteína y carbohidratos ayuda a reparar músculo y reponer reservas.

Entrenar en ayunas no es ideal para todos. Sin suficiente energía disponible, el rendimiento puede bajar y la fatiga aumenta.

Entonces, ¿cuál es la clave? No es obsesionarse con el reloj ni vivir midiendo cada bocado. Es entender que el cuerpo tiene ritmos, y que acompañarlos suele ser más efectivo que ir en contra. La nutrición no es solo una lista de alimentos “buenos” o “malos”: es contexto, es ritmo y es entender cómo el cuerpo funciona para sacarle el máximo provecho. //

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A saber

Concentrar la mayor parte de la ingesta en el día, en lugar de la noche, se asocia con un mejor control metabólico, más energía y mejor calidad de sueño.

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