Lee la columna de Luciana Olivares. (Ilustración: Kelly Villarreal / Somos)
Lee la columna de Luciana Olivares. (Ilustración: Kelly Villarreal / Somos)
Por Luciana Olivares

La historia de mi vida amorosa bien podría contarse en una playlist de salsa sensual, pero salsa dura también. Supongo que todo comenzó hace varios años, en mi primer viaje en carro con mi papá y mi mamá rumbo al norte. Era un viaje largo, así que escuchamos la clásica selección que Radiomar hacía para determinar cuál era la salsa del año. No es que el bendito ranking salsero fuese lo más esperado para una niña, pero ya de tanto escuchar salsa se convirtió en un gusto adquirido y hoy es mi sonido favorito cuando quiero ponerme contenta. Pero bueno, estábamos en la carretera, Federico cantaba entusiasta cada salsa que pasaban, y yo, a regañadientes, las tarareaba en mi mente (me las sabía todas). Hasta que de pronto llegó ella: Nuestro sueño, la salsa más linda del Grupo Niche, según los expertos, incluido mi papá. Nuestro sueño ganó el puesto número 1 en el ranking y se convirtió en esa aspiración romántica que tenemos muchos, sobre todo la parte en la que corean “siempre, siempre”.