Por Susana Lay

Dos enormes tocones indican a Yony Guevara que algo anda mal. Los restos sobresalen como si surgieran de una cicatriz abierta en la extensa sábana boscosa de una consesión a lo largo de la cuenca del río Las Piedras, Tambopata. Son lo que queda de dos shihuahuacos (Dipteryx spp) de más de 900 años de antigüedad. Yony forma parte de un reducido grupo de guardabosques; ha pasado de talar árboles con moto - sierra a patrullar esta tierra, que se extiende como una alfombra crujiente y densa, orquestada por infinitos trinos y chirridos agudos.

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