(Foto: Centro Ann Sullivan del Perú)
(Foto: Centro Ann Sullivan del Perú)
Manuel Contreras

“Feliz viaje, Carlita”, “Buen viaje, Darien” y otros buenos deseos se levantan en coloridos carteles que se agitan en las manos de los padres y madres del (CASP). Sus hijos están a punto de subirse al Boeing 767 de con destino a la ciudad de San Francisco. El entusiasmo es evidente en cada uno de ellos. Ellos sueñan todo el tiempo y hoy lo van a hacer más.

Se trata de una actividad que desde hace siete años realiza el CASP con el apoyo de Delta Air Lines, una experiencia que permite enseñar a más de 400 alumnos con habilidades diferentes (autismo, síndrome de Down, deficiencias cognitivas) los pasos que deben seguir en un viaje en avión.

“Tenemos una serie de actividades previas al vuelo simulado. Clases donde les mostramos videos, láminas y objetos que van a encontrar en el avión o que van a llevar ellos mismos como su maleta, su documento de identidad, entre otras cosas”, explica Lisbeth Tolentino, directora del área educativa del CASP.

El reloj marca las 10:30 a.m. y en el tercer piso del CASP el movimiento comienza. La voz característica de aeropuerto, esa que anuncia la llegada y salida de vuelos, nos transporta imaginariamente al Jorge Chávez. Los chicos empiezan a ingresar.

Todo ha sido cuidadosamente organizado, decorado al detalle y con personal real de Delta, algunos de ellos llegados desde Atlanta para participar de esta actividad. Hasta el sonido ambiental que emiten los parlantes es de aeropuerto. La escenografía del counter es precisa, la señalización, las computadores, los tickets. No se les ha escapado nada.

Vuelo simulado en el Centro Ann Sullivan del Perú

Ese es el objetivo: aproximar a los alumnos al escenario más cercano a la realidad. Un trabajo que se ha ido mejorando en cada edición. “A lo largo de los años hemos ido incluyendo nuevas cosas a nuestro vuelo simulado para que sea más real”, asegura Tolentino.

Los alumnos del CASP muestran su pasaporte al ingresar y luego se dirigen a la cola del check in; ahí dejan su maleta y en seguida pasan por el control de seguridad y la máquina de rayos X. Continúa el módulo de migraciones y por último la sala de embarque para esperar el vuelo.

(Foto: Centro Ann Sullivan del Perú)
(Foto: Centro Ann Sullivan del Perú)

-HORA DEL EMBARQUE-

La voz de aeropuerto esta vez invita a los chicos a abordar el avión. Una manga oscura de unos 15 metros es el camino que deben seguir hasta la puerta de la nave. Ahí los recibe la tripulación. Las flight attendants verifican sus boletos y les indican sus asientos.

(Foto: Centro Ann Sullivan del Perú)
(Foto: Centro Ann Sullivan del Perú)

Una de ellas es Sandra Devine, flight attendant con residencia en Florida que lleva cuatro años participando de este vuelo simulado. “Es una bendición poder venir aquí y aprender a atender a personas con habilidades diferentes. Esto que yo aprendo lo incorporo en mi trabajo y lo comparto con mis demás compañeros”, señala.

(Foto: El Comercio)
(Foto: El Comercio)

Un día antes de la actividad, el CASP realiza una capacitación al personal de Delta donde se les enseña cómo brindar servicio a personas con habilidades diferentes. “Fue un curso práctico en el que nuestros empleados simularon no tener visión o estar en silla de ruedas para vivir en carne propia la experiencia de una persona con habilidades diferentes”, explica Santiago Elijovich, gerente regional de Delta Air Lines.

El vuelo a San Francisco durará veinte minutos anuncia el Capitán, una maravilla solo posible con la imaginación, el tiempo suficiente para dar las instrucciones de seguridad, recibir el refrigerio y pasar por turbulencias, que nunca faltan. La secuencia se repite en el vuelo de retorno a Lima, donde los esperan sus parientes: carteles de bienvenida, abrazos largos, besos sinceros, fotos. Están de vuelta en casa. El sueño de volar está cumplido.