En los recuerdos de Fiorella Gallegos (22) hay una figura importante: su abuela materna. Siempre cosiendo, bordando y tejiendo su propia ropa. Por ese entonces, no se involucró mucho con las manualidades. “Nunca le pedí que me enseñe. Ahora me arrepiento”, cuenta al otro lado de la línea, desde su natal Ica. No fue hasta el tercer año de la carrera de medicina que se reencontró con los hilos y las agujas. Empezó a practicar suturas y sentía que la ayudaba a relajarse. Actividad que continuó durante la pandemia.
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Un evento personal motivó a que encuentre en el bordado -el arte de adornar una tela ensartando hilos para formar figuras- un escape e, inconscientemente, una forma de conectar con sí misma. Semanas después, a inicios del 2021, vio en Instagram a un bordador ecuatoriano con trabajados ligados a lo anatómico (corazón, cerebro, costillas). “Me sacaba de lo que sentía en ese momento. Empezaba a bordar a las 3 p.m. y de pronto eran las 7 p.m. No me daba cuenta cómo pasaba el tiempo. Me refugié mucho”. En ese proceso, dio un importante paso: bordar a Beto, su siberiano de ojos azules intensos, fallecido hace dos años, como homenaje.
“No tenía buenas fotos, pero usé las que tenía para hacerme una imagen. Hay una donde tiene una pose recta. Empecé a traspasar la tela, el batidor y bordarla, sin tomar ningún curso”. Tuvo que interpretar el color del pelaje, buscar los hilos que más se aproximen, por mencionar algunos retos. Le tomó dos meses terminar su primer bordado. Fue, también, la primera publicación que hizo en su -ahora- emprendimiento @neddlecool en Instagram. Pronto, sus amistades le pedían retratar a sus engreídos. Se matriculó, entonces, en un curso online de bordado. Su siguiente trabajo fue un canario. Después vino Dalila, una salchicha orejona. “Fui mejorando la técnica, agarrando más experiencia. Solía demorarme un mes. Ahora, con todos los perritos que he bordado, puedo hacerlo en una semana”.
Su paciencia -que la trasmite hasta cuando habla- ha sido un factor clave. “Poco a poco se volvió más estimulante. Cuando bordas perritos, es importante saber la dirección del pelaje, para que se vuelva más realista. Sigo a artistas internacionales que logran cosas alucinantes con los hilos y me gustaría poder hacerlo. Tenía pensado dedicarle a esto máximo un año porque estoy séptimo año de medicina, toca el internado y es difícil [llevarlo a la par con el bordado], pero me gustaría retomarlo”. Quiere, a futuro, formar una (pequeña) empresa de bordadoras.
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Este emprendimiento le ha ayudado a solventar gastos familiares. Ha tenido bastante acogida en estos meses, tanto, que Fiorella trabaja bajo este sistema: el pedido se debe realizar con tres semanas de anticipación (contando días hábiles). Entre sus trabajos, además, está el fotobordado. Sea cual sea su pedido, la espera vale la pena. Recuerde que la magia está en los pequeños detalles. //
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