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Hernán Casciari, el hombre que dejó el papel para seguir contando historias

El escritor argentino Hernán Casciari rehízo su oficio tras un infarto sufrido hace tres años: ahora comparte sus historias de manera oral. Basado en esa experiencia, el conocido director de la revista cultural Orsai presentó un unipersonal en Lima este 6 de junio. Antes, conversó con Somos.

A fines del 2015, Hernán Casciari sufrió un infarto mientras estaba en Uruguay y casi no la cuenta. “El infarto fue una especie de alarma demasiado benévola”, dice hoy, ya instalado de vuelta en Argentina, sin volver a escribir aún. Sin embargo, ese retorno le dio pilas nuevas: arrancó la segunda etapa de la celebérrima revista Orsai, que edita junto a su amigo de la infancia Christian “Chiri” Basires, personaje esencial de muchos de sus relatos. Además, pasó de escritor a trovador y se llevó de gira teatral a toda su familia.

¿Cómo se dio esta transformación?
Empecé a leer en voz alta, en radios, en auditorios, que se convirtieron en teatros, que se convirtieron en más programas de radio y finalmente en leer cuentos en TV. Aprendí en ese tiempo a leer con mayores matices y me resulto casi tan divertido como escribir.

Te has convertido casi en un juglar…
Algo así. Yo escribía un cuento semanal para el diario El Mundo de Madrid y lo tuve que dejar después del infarto. No disfrutaba mi proceso de escritura y tenía que desapegarme de los rituales de estar sentado escribiendo día tras día. Yo antes solo leía en algunos sitios, con timidez, pero ahora hago algo totalmente distinto, con otra voz. De todos modos, nunca pensé que alguien iba a pagar por ir a ver a un tipo que lee (risas).

A lo que te pasó lo has llamado en un texto, irónicamente, “El mejor infarto de mi vida”. De pronto eso te hizo salir de tu casa a buscar nuevas historias en la calle…
Yo tengo clarísimo que estos 3 años de comunicación directa con un montón de gente y de lugares han generado las suficientes anécdotas para que cuando me siente a crear tenga un tarro de cosas nuevas para contar muy jugosas y muy divertidas. Me hacía falta salir a la calle, mi vida en España era tremendamente sedentaria, se notaba en el propio color de mi piel, en el sobrepeso excesivo. Tendría que haberme muerto, pero ahora tengo como una especie de segundo tiempo del partido. Era muy necesario que yo hiciera esos cambios porque no solo me estaba quedando sin anécdotas que contar, sino también sin brillo en los ojos.

¿Puedes decir que el infarto ha cambiado otros aspectos de tu vida, además de tus rutinas?
Desde el primer día. Para empezar, un cambio de continente y de estado civil. Después del infarto tomé decisiones que había estado retrasando en mi vida. Por ejemplo, separarme y volver a Argentina. El infarto actuó como un disparador de algo que yo no me atrevía a hacer. Yo estaba muy triste viviendo en España. Y en Argentina ya llevo viviendo 3 años y medio y, posiblemente, yo debo ser la única persona feliz de este país (risas).

Como era natural, su familia se acercó mucho a él tras superado el impase cardíaco. A la semana de estar en Argentina creó una obra de teatro –de nombre “Una obra en construcción”- en la que contaba todas las historias familiares que tiene, con una peculiaridad: su madre, su hermana, su cuñado, tres sobrinas y, a veces, su hija Nina y su amigo Chiri, se subían al escenario a hacer sus propios parlamentos. “No ensayamos nunca –dice Casciari-. El primer mes y medio aprendimos a hacerlo en el escenario y después se convirtió en un éxito.” Para él fue una especie de festejo por la vida que duró un año y medio de gira por casi toda Argentina, con casi 100 mil espectadores entre el 2016 y el 2018. “Ahora en junio vamos a volver al mismo lugar donde empezamos, a pedido de mi mamá que ya está extrañando los camerinos”, acota con voz de hijo querendón.

Mientras tanto, sigue con el unipersonal que lo ha llevado ya a Chile, Uruguay, Paraguay, Costa Rica y México, además de Lima. Luego seguirán Barcelona, y Madrid.

Esta gira y monólogos como el de “La edad de los países”, te deben servir para tener una perspectiva distinta. En Latinoamérica, por ejemplo, el tema de la corrupción está muy presente. ¿Cómo lo ves tú?
No entiendo mucho de política. Yo lo único que sé es que no me gusta la derecha y que me gusta mucho la izquierda. Odio cuando gana la derecha y festejo cuando gana la izquierda y después, cuando la izquierda hace cosas que no me gustan, odio el doble al zurdo corrupto que al de derecha corrupto, porque del de derecha ya sabés que es corrupto. El zurdo corrupto hace que todo se atrase como 40 años y haya que empezar de nuevo.

En este contexto, ¿Crees que hay una gran tragedia Latinoamericana?
Yo siempre pienso que la gran tragedia nuestra son los países centrales, europeos y de Norteamérica, que son ricos y centrales justamente a costa nuestra. Me parece que siempre es la misma tragedia, no hay una nueva, no han cambiado las cosas en absoluto.

“Messi es un perro” es uno de los cuentos favoritos de muchos. A pocos días de la Copa América, ¿Cómo lo ves?
En algún momento, creí entender que la mirada de ese cuento era de un Messi que todavía no había sido padre. Me parece que la paternidad hizo que ese cachorro se convirtiera en un perro grande. Porque Messi ya sabe que el próximo mundial probablemente sea el último y también sabe que será el último cartucho que le queda en la selección argentina para dejar un legado histórico que al aficionado argentino le importe, porque sus legados están todos en Europa y ninguno con la camiseta albiceleste.

¿Eres de los que piensa que necesita ganar un Mundial para ser el mejor? Al menos ha ganado una medalla de oro olímpica…
No, no, yo no lo pienso. Yo no pienso que Messi tenga que hacer absolutamente nada para ser considerado de alguna manera. Por otro lado, las Olimpiadas en general no son algo que le interese al argentino en absoluto. Lo único que nos importa de las Olimpiadas es que cuando ocurren sabemos que faltan dos años para que empiece el Mundial (risas).

Hernán nos cuenta, además, que ya está cerrando el quinto número de la segunda temporada de la revista Orsai, iniciada tras el infarto. Va publicando 10 libros con la editorial del mismo nombre y tiene listos otros dos. También ha estrenado en Spotify el podcast “Larga duración”, en el que cuenta historias más largas que las de 3 o 4 minutos que usualmente subía a la misma plataforma, lo que le permite otros matices. Él mismo produce el espacio, hace los efectos de sonido, edita todo… y sigue sin porros. En cuanto a la escritura, solo escribe si es algo breve para leer frente a la gente, ya no para un medio ni para él.

“Casciari a la carta” es el unipersonal que lo trae a Lima, para el que usa la menor parafernalia posible, sin pantalla ni sonidos, solo voz y oscuridad. “Por ahora no tengo la necesidad de escribir, sino la de contar. Nunca voy a volver a mi forma antigua de trabajar -nos dice- Lo que hago ahora me divierte más y, de hecho, es muchísimo más rentable (risas). Me parece que, en el siglo XXI, escribir quedó desplazado, no funciona tanto. Lo que funciona es contar. Hoy entiendo que escuchar una historia es mucho más fácil que leer.”

SEPA MÁS:
​Fecha: jueves 6 de junio
Lugar: Jazz Zone
Dirección: Avenida La Paz, 646
Hora: 10.30 p.m.
Entradas: a la venta en este enlace.

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