Ramón Quiroga. Otro símbolo de la selección en los Mundiales 78 y 82. FOTO: Getty Images.
Ramón Quiroga. Otro símbolo de la selección en los Mundiales 78 y 82. FOTO: Getty Images.
Por Miguel Villegas

No era gigante como Dimas ni serio como Rubiños. Y tampoco tenía ese físico de atleta que las crónicas de los 30 elogian en el Mago Valdivieso. Ramón Quiroga era, vistos ya todos sus partidos en Mundiales, un arquero atajador muy consciente, astuto al punto de que cualquier desventaja debía ser superada con valentía. Si le faltaban dos centímetros más para atajarle un centro a Naninga, entrenaba mejor las piernas. Hasta que dolieran, como ha dicho Oblitas. Si había que recibir fusilamiento, ponía el pecho; si había que salir jugando, pues jugaba. Y si todos decían que Escocia iba a pasar por encima a Perú, que era el favorito del 78, le salía esa argentinidad que, bien vista, es audacia. “Míaaaaa”, gritaba. Y su grito sonaba como si fuera Tarzán en la selva.

Merlín IA

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