Popovic en el viejo Nacional. En 1993 fue el técnico de la selección peruana y hace unas, a los 85 años, falleció. FOTO: Archivo Histórico El Comercio.
Popovic en el viejo Nacional. En 1993 fue el técnico de la selección peruana y hace unas, a los 85 años, falleció. FOTO: Archivo Histórico El Comercio. / ARCHIVO FOTOGRAFICO
Miguel Villegas

Fue como traer a Arrigo Sacchi o fichar a Van Gaal. En los 90, sin transmisiones en HD ni tendencias de Twitter, los entrenadores en Europa cotizaban si dirigían una Copa del Mundo o ganaban una Intercontinental. Hasta el prehistórico Perú llegaban esas noticias y esos apellidos, Sacchi campeón caminando con el AC Milan 93 o Van Gaal monarca con el Ajax de Kluivert, dejaban la desoladora sensación de que estábamos cada vez más lejos del primer mundo: no íbamos al Mundial y ni siquiera pasábamos de ronda en la Libertadores. Eran, pues, objetos de deseo, estampitas milagrosas, amores platónicos. Hasta el día en que un campeón de la Copa Intercontinental aceptó dirigir al Perú de Purizaga y Chemo, un Perú raro, que ya miraba de lejos a España 82 y recién se reponía de la tragedia del Fokker. Se llamaba Vladimir Popovic, era serbio, le faltamos el respeto de todas las formas y hace unas horas falleció, llevándose consigo varios secretos.