Militares patrullan las calles de Lima durante el Estado de Emergencia por el COVID-19. (Foto: EFE)
Militares patrullan las calles de Lima durante el Estado de Emergencia por el COVID-19. (Foto: EFE)
Yerson Collave García

La decisión del Gobierno peruano de para frenar el avance del en el país ha sido respaldada por especialistas consultados por El Comercio. Pero las consecuencias sociales, políticas y económicas de esta medida se verán todavía en lo que resta del año.

El presidente Martín Vizcarra aseguró que con esta decisión se espera que las consecuencias de la pandemia global del nuevo coronavirus sean menos graves y que el sistema de salud nacional no colapse.

Los expertos coinciden en que pese a que el número de casos está dentro de lo esperado, lo recomendable es extender esta medida por al menos otras dos semanas con el objetivo de asegurar que no aparezcan nuevos contagios y se genere un brote que se vuelva incontrolable.

El presidente Vizcarra decretó el Estado de Emergencia por el COVID-19 desde el 16 de marzo. (Foto: AFP)
El presidente Vizcarra decretó el Estado de Emergencia por el COVID-19 desde el 16 de marzo. (Foto: AFP)
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No perder lo ganado

La decisión de ampliar el aislamiento social obligatorio debe responder al análisis de los datos obtenidos durante estas dos semanas y también a la situación que viven los demás países de la región, afirman los expertos.

“Es recomendable que se extienda la cuarentena. Mientras exista transmisión en otros países, el riesgo de que ingresen nuevos casos es permanente. Estas dos semanas van a ser muy importantes para evaluar el impacto del aislamiento social. De todas maneras, considero que la epidemia está empezando en varios países de Latinoamérica y lo ideal hubiera sido que todos los países ejecuten la cuarentena y aislamiento domiciliario de manera simultánea y todavía creo que estamos a tiempo de hacerlo”, explica a El Comercio el epidemiólogo Luis Suárez-Ognio, exjefe del Instituto Nacional de Salud (INS).

Del mismo modo, el infectólogo Ciro Maguiña, vicedecano del Colegio Médico del Perú, también apunta a la situación en el extranjero: “Hay que considerar que en otros países los brotes no han durado dos semanas, sino varias semanas […] si el aislamiento se levanta en 15 días eso quiere decir que se puede reiniciar la diseminación, entonces esto sería una medida parcial y no sostenible”.

Suárez-Ognio considera que el Perú debe impulsar medidas regionales a través de la Organización Panamericana de la Salud y el convenio Hipólito Unanue para asegurar que las medidas locales no se vean afectadas por las decisiones de los demás países.

A nivel local, Maguiña cuestiona que pese a las restricciones haya habido “un grupo de gente que no ha hecho caso y eso es un peligro para que el contagio continúe”. “El periodo de incubación es de 14 días, entonces si decimos que en estos 14 días hay un grupo que no se ha contagiado, hay otro que sí se ha contagiado y sus síntomas se verán en las próximas semanas, entonces, para evitar más contagios, al prolongar dos semanas más tendríamos menos contactos”.

Julio Cachay, infectólogo de la Clínica Ricardo Palma, apunta a la reciente evidencia clínica de los casos que se han presentado en otros países: “Lo que se está viendo es que inclusive luego de la recuperación de una persona, algunos pacientes pueden seguir propagando el virus por unos 14 días más. En ese contexto, un tiempo prudencial, considerando todos los hallazgos, es de unas cuatro semanas. Es decir, se tendría que extender dos semanas”.

Las FFAA se encuentran en las calles durante el aislamiento social obligatorio. (Foto: EFE)
Las FFAA se encuentran en las calles durante el aislamiento social obligatorio. (Foto: EFE)

“En epidemiología, por seguridad, siempre hablamos de dos periodos de incubación máxima. Cumpliendo esa norma, debemos tener un periodo de incubación que es 14 días más para estar seguros de que ya no hay transmisión, y con eso sería suficiente y pasaríamos a una cuarentena selectiva o se levantaría por completo la cuarentena”, abunda Suárez-Ognio.

Una decisión difícil

Los expertos consultados consideran que la decisión de extender el período de aislamiento social de todas maneras traerá consigo consecuencias a nivel político y económico, pero que los efectos de una pandemia como la del nuevo coronavirus sin las medidas necesarias podrían ser igual de graves debido a que esto podría significar el colapso del sistema de salud peruano, que de por sí ya es precario.

“Todo esto tiene un impacto económico y político, pero, por ejemplo, El Salvador ha sido más radical y ha decidido sacrificar su economía por la salud, pero es un país más pequeño. Nuestra posición [como Colegio Médico] desde el punto de vista de salud es que si un país tiene más enfermos eso demandará más dinero para equipos y personal, lo cual también significará un impacto económico”, señala Maguiña.

“Esta es una situación nueva, nada está escrito en los libros sobre qué hacer sobre una pandemia de coronavirus. Los científicos están planteando alternativas, estudiando modelos matemáticos para ver qué hacer frente a esta situación”, señala Suárez-Ognio, también exdirector del Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades del Ministerio de Salud.

¿Y luego?

Debido a los efectos a corto y mediano plazo de un aislamiento social, luego de este período de emergencia se pueden tomar medidas menos extremas que permitan que algunos sectores de la economía vuelvan a funcionar, pero esto sin perder lo ganado en estas dos semanas de aislamiento.

"Se puede plantear una cuarentena parcial. Está bien que las medidas no sean tan estrictas, pero lo ganado debe ser sostenible”, reflexiona Maguiña.

“Sé que se están estudiando varias alternativas [en el mundo]. Hay una propuesta española de hacer una cuarentena progresiva, es decir, primero se levanta la cuarentena para los jóvenes, los que trabajan, y se mantienen para las personas mayores y vulnerables”, indica Suárez-Ognio.

En ese escenario, Cachay afirma que las medidas de distanciamiento social y cuarentena domiciliaria de personas infectadas debe continuar por más tiempo. “El distanciamiento social, no conglomeración de personas, el uso de mascarillas y lavado de manos constante debe seguir”.

Suárez-Ognio señala que además de la cuarentena, el distanciamiento social y el aislamiento domiciliario -medidas que actualmente se están tomando- se debe mejorar la vigilancia epidemiológica, es decir se debe detectar en qué lugares del país se presentarán casos antes de que sucedan: “La vigilancia epidemiológica debe estar un paso adelante. Hasta el momento la evolución del brote está dentro de lo esperado”.

¿Es necesario realizar pruebas a todos?

Los expertos coinciden en que las cifras actuales que maneja el Gobierno sobre el COVID-19 sí permiten tener una idea del comportamiento del brote epidémico, pero se debe entender que se está detectando una proporción de los casos reales. Sin embargo, aseguran que no es necesario realizar pruebas a todas las personas que lo soliciten, a menos que se encuentren en grupos de riesgo.

“De todas maneras [es un subregistro]. Pero aunque se hagan más pruebas se sabe que esta infección también genera muchos casos asintomáticos. Lo que estamos viendo y los que se evaluarán con las pruebas son casos sintomáticos, pero ya se ha determinado que por lo menos hay una relación de que por cada caso sintomático hay por lo menos un caso asintomático”, explica Cachay.

“Considero que es mejor medir la mortalidad para entender el avance de la epidemia. Con este número se puede inferir cuál es la dimensión real del brote porque se sabe cuál es la proporción entre número de muertes y cantidad total de infectados. Ese es un número que nos podría orientar mejor”, añade.

El ministro de Salud Víctor Zamora defendió la decisión del gobierno de adquirir 1.6 millones de pruebas para COVID-19. (Foto: EFE)
El ministro de Salud Víctor Zamora defendió la decisión del gobierno de adquirir 1.6 millones de pruebas para COVID-19. (Foto: EFE)

“Tomar más pruebas debe hacerse con criterios epidemiológicos, necesitamos saber dónde y a quiénes tomar las pruebas”, dice Suárez-Ognio respecto al 1,6 millones de pruebas para COVID-19 que el Estado adquirirá.

“Indudablemente estamos aprendido a cada paso de la epidemia. Es algo inédito en la historia de la humanidad y tratando de tomar las mejores decisiones sobre la marcha. No hay parámetros establecidos. Lo más importante es ver el comportamiento de la curva epidémica y decidir en base a la evidencia”, finaliza el epidemiólogo.

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