Elmer Huerta

Oncólogo y especialista en Salud Pública. Colaborador.

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Dieciocho meses después de haberse originado la , esta ha llegado a cada rincón del planeta, con excepción de Groenlandia y algunas pequeñas islas en el Pacífico y el Atlántico. Desde el punto de vista de salud pública, sin embargo, la pandemia puede dividirse en dos grandes etapas: antes y después de las .

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Desarrolladas casi desde el inicio de la , y rigurosamente estudiadas durante el segundo semestre del 2020, las empezaron a ser autorizadas para su uso en calidad de emergencia en Estados Unidos y Europa a partir de diciembre de ese mismo año, y comenzaron a ser usadas en programas nacionales de vacunación masiva a partir de enero de este año.

—Antes de las vacunas—

Hasta antes del uso masivo de las , la pandemia afectó a cada país de un modo tan diferente, que es imposible determinar un patrón típico se diseminación de la pandemia. La rapidez de contagio y el número de muertes en cada país fue marcadamente diferente y estuvo determinada por políticas de salud pública de sus gobernantes y el comportamiento de sus habitantes.

Mientras que algunos países –como Argentina, por ejemplo– tuvieron un ascenso inicial muy lento en el número de infecciones, luego experimentaron un aumento rápido y muy alto en el número de muertes. Otros, como el Perú, tuvieron un ascenso inicial muy rápido tanto de casos como de muertes, con dos intensas olas marcadamente diferentes, y una prolongada meseta entre ambas. En ese sentido, no existen dos curvas idénticas de incidencia y mortalidad por entre países.

“La rapidez de contagio y el número de muertes en cada país fue marcadamente diferente”.


—Después de las vacunas

La llegada de las vacunas a comienzos de este 2021 fue –para la humanidad– uno de los eventos más anticipados de los que se tienen memoria. Todos los países deseaban tener la tan ansiada vacuna y empezar a ganarle la batalla a la pandemia. Lamentablemente, una vez más, la realidad nos mostró que los seres humanos somos incapaces de unirnos para luchar contra un enemigo común.

El primer gran golpe fue el descalabro del proyecto Covax, una iniciativa global dirigida por la Organización Mundial de la Salud, la Alianza de (GAVI) y la Coalición para las Innovaciones en la Preparación ante Epidemias (CEPI), cuyo objetivo era distribuir dos mil millones de dosis de vacuna en países de bajos y medianos ingresos económicos para fines del 2021.

La premisa fundamental de Covax era que –recurriendo a la solidaridad– ningún país debía recibir para más del 20% de sus habitantes, sin que antes todos los países hayan vacunado al menos al 20% de su población. Lamentablemente, hasta junio, Covax solo había logrado enviar alrededor de 90 millones de dosis a 122 países participantes, y en su reunión de directorio de junio tuvo que cambiar completamente su modus operandi.

La causa del fracaso de Covax fue que los países ricos acapararon las , dejando al proyecto en el aire. Al respecto, se calcula que a pesar de que ya se han administrado las dosis suficientes para vacunar completamente casi al 30% de la población mundial, los países y regiones con los ingresos más altos se vacunan con una rapidez 20 veces mayor que los países con ingresos más bajos, y existen países que no han logrado vacunar ni al 1,5% de su población.

“Se ha creado otro tipo de pandemia [...] no por falta de vacunas, sino por la aceptación o rechazo a estas”.


—Variantes—

El segundo gran golpe es que debido a la enorme desigualdad en la distribución de las , la infección ha castigado tan severamente a algunos países, que el virus originó variantes tan agresivas que han puesto en peligro los programas de vacunación de los todos los países, incluyendo el de los ricos. Es así como se identificaron las variantes beta en Sudáfrica, gamma en Brasil, delta en la India y lambda en el Perú. ¿Qué tienen en común esas variantes? Que son capaces de escapar a la acción de los anticuerpos neutralizantes dirigidos contra el virus.

—Múltiples pandemias—

Debido a la inequidad en la distribución de , la pandemia se ha convertido en una pandemia de países protegidos, y en otra de países desprotegidos.

Pero en las últimas semanas se ha creado otro tipo de pandemia, la que a pesar de ser también de poblaciones protegidas y no protegidas, no es por falta de , sino por la aceptación o rechazo de estas.

En Estados Unidos, por ejemplo, país que tiene una sobreabundancia de vacunas, el 30% de la población ha dicho que no piensa vacunarse y el país está teniendo el número de contagios diarios más altos desde el 2020. Al respecto, un estudio de la Kaiser Family Foundation publicada en julio encontró que al menos 95% de las hospitalizaciones y muertes por ocurrió en personas no vacunadas o parcialmente .

— Corolario —

No hay duda de que la gran pandemia del se ha transformado –por múltiples razones– en una pandemia de y no vacunados, de protegidos y desprotegidos; pandemia que se expresa de diferentes maneras en diferentes países.

El Perú, con solo 19,8% de su población completamente , su propia variante dominante y en vísperas de una tercera ola, está aun en la primera etapa de ese fenómeno, aquel en el que la demanda por vacunas es mayor que la oferta.

Es muy probable, por reportes de que grandes grupos de la población están rechazando la vacuna, que también llegaremos al punto en que la oferta sea mayor que la demanda. De no empezar ya campañas persuasivas y educativas segmentadas a distintos grupos de la población, tendremos muy pronto más que ofrecer que hombros que las reciban.


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