(Foto: Jorge Sarmiento/ El Comercio)
(Foto: Jorge Sarmiento/ El Comercio)
Celeste Pérez

“Las mujeres, en general, somos muy valientes. Afrontamos muchas cosas que aparentemente son poco importantes pero que en realidad son tremendamente importantes. (...) indudablemente, la presencia de mujeres en mi vida afinó en mí esa capacidad para mirar. Somos por naturaleza muy observadoras. Como el género femenino ha estado reducido a un papel secundario en la vida, de alguna manera ha tenido que callar y observar más las cosas. Reafirmo que la mujer tiene un grado de sensibilidad muy fuerte.” (Extracto de la revista ‘La casa de cartón de Oxy’/Perfil de Rosina Valcárcel a Blanca Varela)

Para , la sensibilidad nunca fue sinónimo de debilidad. Para ella, se trataba más bien de una cuestión de intuición, apelando a que ese ‘algo’ se había desarrollado mientras el género femenino vivía por años bajo la sombra del silencio.

Varela, además, se crió rodeada de mujeres cultas y talentosas que la inspiraron: su bisabuela, Manuela Antonia Márquez García, escribía y hacía teatro; su abuela, Delia Castro Márquez, escribió poesía, cuentos, novelas y hasta política; y su madre, Esmeralda González Castro, es recordada hasta hoy como una importante letrista de canción criolla y música festiva.

Sus primeros versos, surgieron bajo el marco del melancólico y sereno mar de Puerto Supe, cuando aún seguían vigentes la arena blanca y botes de vela para pasar la tarde. A este enigmático lugar Blanca Varela dedicaría su primer poemario: "Ese puerto existe", nombre que surgió tras una conversación con el Nobel de Literatura Octavio Paz.

La palabra de Blanca Varela resulta interminable, interminable su voz de ojos abiertos. Como el Pacífico de sus poemas, a ella nos asomamos para extraer una piedra negra o señalar un ave minúscula. Su poesía, resulta tan necesaria como la luz que constantemente evoca e ilumina también un vasto territorio para quiera transitarlo”, profundiza Olga Muñoz Carrasco, Doctora en Filología por la Universidad Complutense de Madrid, en su ensayo analítico ‘Sigiloso desvelo: la poesía de Blanca Varela’.

La relevancia de continuar leyendo su obra hoy en día queda clara. Las brechas del tiempo en que fueron producidos sus versos con el presente se ven cicatrizadas cuando sus versos encajan perfectamente en aquellas situaciones que palpamos como mujeres, como personas.

-Blanca Varela, mujeres y Santa Beatriz-

El verbo no alimenta” es el nombre que tomó la exposición que el Centro Cultural España configuró el año pasado con el fin de resaltar la trascendencia de la obra de Blanca Varela a lo largo del tiempo, bajo la perspectiva de distintas técnicas artísticas. Además, destacó también la actividad de colocación de una placa conmemorativa en la que fuese casa de la poeta en el distrito de Santa Beatriz, cumpliendo hoy su primer año conmemorativo.

Entre las obras, algunas proponen distintas maneras de concebir la creación, sus implicaciones, disposiciones y contradicciones; mientras otras, hacen suyo el verso de Varela con el que titulamos esta exposición, El verbo no alimenta, para interpelarnos sobre las condiciones de violencia por las que pasan las mujeres” comentaron en ese entonces los curadores Diana Collazos y Jorge Luis Valverde sobre la puesta de arte.

Hoy por hoy, el talento y vida de Blanca Varela prometen conquistar también a los más pequeños del hogar, pues la-en alianza con la Editorial Pichoncito- ha plasmado su trayectoria y legado en un interesante libro para niños, que forma parte de la colección bautizada como “Peruanos Power”, y de la que también forman parte figuras como Arturo ‘Zambo’ Cavero y Chabuca Granda.


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