Pichanga freedom

Me acabo de sentar frente a la compu, totalmente dispuesto a soltar una descarga de nostalgia perucha desde una esquina perdida de la finca del tío Sam, aprovechando que me torcí el tobillo por cuchucientosava vez y no puedo moverme a ningún lado. Pero mi pasión futbolera es mucho más fuerte y me invita cordialmente a ver el Chelsea –Liverpool que comienza ahorita!! Después del partido continuaré, total igual les voya hablar de fútbol.
Ganó el Chelsea del antipático de Mourinho, partido a dientes apretados, sin mucha gracia pero con una técnica y velocidad impresionantes. Si alguna vez algún equipo peruano enfrentara a estos tipos tendrían que jugar en mototaxi, de otra manera no los alcanzarían nunca.
Pero esta tribuna no es para comentarios deportivos, sino para una expresión de añoranza por nuestro querido Perú. Y si hay algo que se extraña de verdad es una pichanga, y todo lo que ella implica.
La espontaneidad quizás sea su cualidad más importante. Tan solo un par de llamadas son suficientes para armar un mano a mano, tal vez un triangular o para los más ambiciosos un cuadrangular, pero eso ya implicaría cierta organización dirigencial que la pichanga no tiene y tampoco necesita. Lo único necesario son las ganas insaciables de ir a patear la pelota en la esquina de la casa, solo eso.
Aquí, en la tierra de Michael Jordan, eso no existe. Para ir jugar un “soocer pick up game” (léase Pichanga) primero tienes que conocer alguno de los jugadores participantes. Luego, este introducirá tu dirección de e-mail a la lista oficial de aviso de juego semanal (si, te Mandan el fixture por mail, con cancha y horario). La semana siguiente recibes el mail y debes responder con tu confirmación de participación, no puedes aparecerte tan campante el día del juego, pues te recriminaran el no haber confirmado tu presencia.
Otro rasgo fundamental es la cancha. La necesidad de que sus límites estén adecuadamente pintados o que los arcos tengan redes o que esté magníficamente ubicada en un complejo deportivo es nula. La pichanga hace su cancha al jugar. Puede ser el parque, la calle de tu casa o la de tu novia. Puede ser de tierra, asfalto, de piedra o de lo que sea y donde sea. Sino pregúntenle a los heladeros.
En estas tierras dueñas del progreso, las canchas sobran. Todas son perfectas, bien delimitadas, y todos los arcos tienen las redes intactas, y no porque las cambien siempre, sino por la falta de uso. Cuando manejo por la ciudad y veo las canchas desiertas con los arcos arrumados en una esquina quisiera meterlas es un container y mandarlas a El Porvenir para que su mundialito se vista de gala, pero una lagrima me dice que no se puede.
Con el tiempo uno se va adaptando al sistema organizado de este país, pero si hay algo que no tiene e-mail, ni fixture, ni reglas de juego es la pasión futbolera, esa que logra que cada pichanga sea una final de copa del mundo y que te sientas campeón en tierra de nadie.
Después de 4 años finalmente un grupo de peruanos encontramos una cancha ideal para jugar pichanga como Dios manda, piso de asfalto, con arbolitos cerca para que los malos como yo no perdamos la pelota. Vienen jugadores de todos lados, y los gringos primero se asustaron y luego lo adoptaron como “street soccer”. Es lindo jugar con libertad, y claro con una sola regla: Goles a rastrón.
Nino Torres
Columbus , Ohio
25 de Abril de 2007

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