En el nombre del pan

Existen varias preguntas fundamentales para los que emprendimos el vuelo con la fecha de salida estampada en el pasaporte, pero con la de regreso bien caleta debajo del alma, no fuera a ser que nos temblara la voz al decir, con un inglés de perucho acento: Just for vacations.
OK, ya pasé, ¿y ahora?
La respuesta es una sola: Yo vine aquí a ganar. Si te respondiste cualquier otra cosa distinta, probablemente ya estés de vuelta con el rabo entre las piernas. Esa es la primera pregunta fundamental, después vendrán muchas más, pero a medida que pasan los años hay una que siempre aflora naturalmente porque todos la tienen clavada en el pecho: ¿Qué es lo primero que harías al llegar a Lima?
Increíblemente, todos tienen bien clarita esa respuesta y la recitan con el mismo candor de ese poema del Día de la Madre en primer grado de primaria. Entonces la declamación con los brazos abiertos hacia el sur comienza con viajes a Máncora en bus o desde el Jorge Chávez, siguiendo con visitas a la casa de la abuela, la infaltable vuelta olímpica al José Díaz y termina con la preparación sacerdotal de un genuino cebiche de conchas negras.
¿La mía? es mucho mas simple y tal vez no tenga nada de descabellado, lo cierto es que yo sería feliz con un pan francés con Dorina, no pido más.
Pero la cosa no queda ahí, porque entonces la nostalgia me hace ver más allá de lo evidente, y las imágenes de las Marías, Juanas o Filomenas comienzan a transitar mi corazón con sus sandalias color celeste furia en dirección a la panadería del barrio. Ellas saben perfectamente que no deben llevar bolsa plástica porque sino el pancito nuestro de cada día llegará todo sudado en la vuelta a casa y perderá su condición gourmet. No, la bolsa debe ser de papel para que llegue calientito, sin escamas, listo para que lo abras por la mitad, sin cuchillo of course, y disfrutes sin prisa y sin pausa de nuestra panera tradición.
Como una paradoja maldita, en estas tierras angloparlantes del norte del mundo, amor (love) y pan (loaf of bread) se pronuncian igual, pero pertenecen a universos tan, pero tan distantes que ni siquiera un email se pueden mandar. Sería espectacular que alguien te pudiera mandar por mail un pancito perucho cualquiera sea su tipo. Voy a hablar con el tío Bill Gates para que trabaje en ese proyecto.
Como soñar no cuesta nada voy pedirles que me manden un mail con unas cuantas ciabattas para hacerme unos mixtos bravazos. O tal vez la próxima vez que pasen por un quinceañero, de todos los petipanes que se embolsiquen en el saco me manden unos cuantos. O cuando regresen de una juerga, bien temprano por la mañana paren en un emolientero y me manden unas vainillas. Manden nomás, no se preocupen por el peso de los archivos panaderos pues mi corazón tiene capacidad de almacenamiento de alto tonelaje cuando de productos de mi tierra se trata.
El año pasado se casó mi hermano en Lima. No pude estar presente por esas cosas del destino migratorio, así que me llenaron de fotos. Mientras mi novia se fijaba en los vestidos y los colores, yo andaba hipnotizado con un arreglo de panes espectacular, tanto así que casi le meto un mordisco a la pantalla de la PC.
Y es que nuestra panadera debilidad es tan peruana como lo es la Inca Kola, el cebiche o la papa a la huancaína. Pero la fatal diferencia es que uno puede irse a vivir a la China y aun ahí preparar un lomo saltado maestro o un arroz chaufa en París o encontrar una Inca kola en Montreal. Pero un pancito calientito con mantequilla Laive y mermelada casera es un tesoro peruano que ningún pirata de la globalización podrá capturar jamás.
Ese quizás sea el eslabón perdido de peruanidad que no pudimos traer los que emigramos en busca de un futuro mejor. Gracias a Dios buceando en el supermercado encontré un pedazo de gloria llamado “sweet italian bread” que traducido a la peruana seria pan de yema!!! Ya viene todo embolsado y etiquetado, pero no importa. Algo es algo, pero ¿y el aroma? Que alguien me perfume de pan por favor!!!
Totalmente consciente de esa carencia emprendí la búsqueda de esa alternativa perfecta para saciar mi adicción panadera. Como siempre compro la misma marca de pan de molde, solo por que la bolsa es igualita a la del pan Pyc, un día me fijé en la dirección de la fabrica y salí disparado hasta allá para preguntar a qué hora salía el pan fresco, y la respuesta me llenó el alma: at 5 p.m. A la hora del lonche, ¡¡de nuestro lonche!!
Desde entonces, todas las tardes desvío mi camino de regreso a casa para pasar por la fábrica del pan Pyc “made in USA” donde sé que no me venderán ni un mendrugo, pero no me importa, yo soy feliz con ese aroma que no tiene precio, “para todo lo demás, existe Mastercard”
Nino Torres, Columbus,Ohio
Una noche cualquiera del 2007
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