El sufrimiento y la solidaridad no saben de pasaportes
En la ciudad de Burgos, España, lograron recaudar más de mil euros vendiendo polos en los que dice “Ayuda al Perú”

María es española pero tiene lazos afectivos y muy buenos recuerdos que la unen a nuestro país. Mantenemos una gran amistad desde hace 6 años, y ella aprovechó mi condición de periodista de El Comercio para hacerme saber que emprendería una campaña para ayudar a los damnificados del terremoto en el sur, y me pareció un gesto que merece contarse. A pesar de ser extranjera, ella demuestra que también se llama Perú. Luego del sismo del 15 de agosto, los días siguientes fueron de mucho desconcierto en la redacción web de El Comercio – sección donde trabajo como redactor de deportes- por las réplicas y las diferentes informaciones trágicas que se reportaban desde el sur del país. También fueron días en los que las grandes muestras de solidaridad desde muchas partes del mundo no dejaban de sorprendernos.
En el 2001 conocí a María Miguel en Estados Unidos, y a pesar de que tres meses después el destino nos hizo tomar caminos distintos en nuestros respectivos países, mantuvimos contacto vía correo electrónico. Ella es española y radica en la ciudad de Burgos (ubicada al norte de España, a unos 250 kilómetros de Madrid). Habitualmente nos comunicamos por el messenger, y al día siguiente del terremoto del 15 de agosto me hizo saber que estaba muy dolida y consternada por la tragedia en el Perú. Por eso me prometió iniciar una campaña para ayudar a los damnificados, y cumplió. Reunió un poco de dinero de sus ahorros y no tuvo mejor idea que confeccionar polos ( camisetas, como le dicen en España) con un estampado que rezaba, tal como se puede apreciar en la foto de esta nota: “Ayuda a Perú… gracias”.

Como las coincidencias son cada vez más sorprendentes, los abuelos de esta guapa española son católicos y fueron enviados al Perú por el Papa Juan Pablo II, hace 13 años, para evangelizar. Habitan en una modesta vivienda en el distrito de Ventanilla, en la zona denominada “Mi Perú”.
En el 2003, María viajó a nuestro país, y acompañando en la mencionada labor a sus abuelos Santiago Gutiérrez (75) y Pilar Mansilla (70), visitó la ciudad de Pisco. “Allí conocí a familias que me hospedaron y que durmieron en el suelo para que yo pudiera dormir en su cama. Por la mañana compraron pan con el poco dinero que tenían para que nosotros desayunáramos. Ahora que ellos se han quedado sin nada, lo mínimo que se puede hacer es enviar algo para ayudarlos…”, me cuenta María por el messenger.
Ha logrado que más de un centenar de personas de la localidad de Burgos colaboren en su buena causa y ha podido reunir algo más de mil euros, que serán enviados a sus abuelos en los próximos días para que lleven el apoyo directamente a los damnificados de Pisco. “La gente de Burgos quiere seguir ayudando pero no confían en las ONG, por eso prefiero enviarlo a través de mis abuelos que son misioneros”, concluye.
El apoyo silencioso de parte de tanta gente alrededor del mundo hacia los miles de peruanos afectados por el terremoto al sur de nuestro país resulta cada vez más conmovedor. El sismo del 15 de agosto de 7,9 grados en la escala de Richter tuvo como trágico saldo la muerte de 519 personas, 42 desaparecidos y 100 mil damnificados entre las localidades más afectadas (Pisco, Chincha, Ica, Cañete y Huancavelica).
David Hidalgo Jiménez

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