Flatmates

Se trata de una palabra que jamás escuché en la academia de inglés, en especial porque aprendí inglés gringo y no británico. Antes de partir de Lima jamás tuve un flatmate (aquel extraño con el que compartes un departamento), pero en los dos últimos años ya he convivido con trece. Este es el recuento de las películas que viví con cada uno de ellos.
Sueños de fuga (***): Mi esposa y yo pasamos nuestro primer año en Londres en un estudio ocho veces más pequeño y cuatro veces más caro que nuestro depa en Lima. Era incluso más pequeño que nuestro cuarto en dicho depa, y aún así tenía dentro el baño y la cocina. Para cenar, “la ratonera” nos demandaba una compleja logística: había que subir la cama y meterla dentro del armario para luego jalar la mesa que se encontraba debajo del escritorio. Cumplido el año, decidimos sacrificar nuestra asfixiante intimidad y buscar a nuestros primeros flatmates.
Atracción fatal (**): A punto de acabar la maestría, encontré un aviso para compartir un bonito depa ubicado en Limehouse y pensé “¿qué mejor barrio para dos limeños?”. La renta era muy similar a la que pagábamos por “la ratonera” y el potencial primer flatmate era el amigo de un amigo. Tras ver el departamento, la única sorpresa que nos llevamos era que Quinton (Q) vivía con Emerentia (M), su pareja. No tardamos en comprobar que se trataba de una verdadera “atracción fatal” porque basta con mencionar que ella era una psicópata. Por el bien de todos, diez semanas después de nuestro arribo se separaron y M se fue a Mumbai. A los tres meses, Q se compró un depa y en nuestra última cena pidió mi sincera opinión sobre M. Esa misma noche dejé de pensar que la honestidad es una virtud.
Get rich or die trying (****): Cuando conocimos a Hilton, sus 2 metros de altura y 130 kilogramos de peso fueron argumentos suficientes para decidir pagarle puntualmente la renta. Sin dudas, se trata de la persona económicamente más afortunada que he conocido. Llegó a Londres con solo 24 años y un título de optometrista. Empezó como vendedor en una tienda de lentes y al año ya era socio. En sólo ocho años no solo tenía el depa en el que vivíamos, sino que con la venta de sus acciones compró otro depa y una casa. La única gran incógnita que nos dejó fue su recurrente visita fantasmagórica: jamás la vimos, apenas la escuchamos, pero tanto mi esposa como yo percibimos la presencia de su compañera en varias madrugadas.
Doña Flor y sus 3 maridos (*****): La madre de Hilton resultó aún mejor flatmate que nuestro “Señor Barriga”. Cualquier persona pensaría que convivir con una mujer de 64 años no es lo ideal para una pareja de 29 y 31, pero Florencia es sencillamente extraordinaria. Su vida prueba a diario que la felicidad muchas veces habita lejos de las normas sociales. Convivimos con ella por un breve período de tiempo, pero el cariño que le tenemos es inmenso.
Divorcio a la italiana (****): Aunque conocí a Benedetta el primer día de la maestría, nos hicimos amigos recién al final del programa. Al inicio de esa temporada, el trabajo era la excusa del porqué no nos acompañaba su marido. Conforme pasó el tiempo, emergió que se estaban separando y que necesitaba volver a Bologna para decidir qué hacer con su vida. De vuelta en Londres, su visita de tres días se prolongó por tres meses porque Florencia tuvo que volver a Sudáfrica. Después de incontables conversas sobre la joyita de su ex, la vida volvió a sonreírle a Benedetta y un nuevo trabajo la mudó a Oxford.
Lost in translation (***): Para emigrar, lo mejor es no tener tanta información en la cabeza porque puede llegar a ser contraproducente. Sin embargo, Peter & Lea abusaron de este consejo. Su dominio del inglés era extremadamente rudimentario, nunca habían salido de su pueblo de mil habitantes en Eslovenia y el viaje a Londres los había obligado a subirse a un avión por primera vez. Teniendo ocho años más que ellos, ambos nos generaron un verdadero instinto paternal. Sin embargo, solo se quedaron en el depa una semana porque la mejor prueba que los milagros existen es que encontraron trabajo “cama adentro” en un elegante hotel.
Spanglish (****): Después de dos meses solos en el depa, conocimos a nuestro único flatmate inglés. A punto de cumplirse su contrato anual, la novia de Matt tenía que volver a Murcia y decidieron mantener la relación a través de visitas quincenales. Así que por dos fines de semana tuvimos a Ana y a Matt en el depa, para hablar español e inglés respectivamente. Pasado este tiempo, Ana recibió una nueva oferta de trabajo en Londres y regresó a vivir con Matt. Justo antes que esto suceda, nos mudamos a Woking y ahora son ellos quienes viven en nuestro ex cuarto en Limehouse.
Hace seis meses llegamos a Woking, después de vivir dos años y medio en Londres: 12 meses en la residencia de estudiantes y los 18 meses siguientes en Limehouse. El edificio en el que vivimos actualmente me queda a solo cinco cuadras de la oficina, pero el depa es más pequeño que el anterior.
La condesa rusa (*): Más que el tamaño, lo que más nos perturba del nuevo depa es la condesa rusa. Actualmente vivimos con Nikolái pero cada tres meses nos visitan su mujer e hija, quienes viven en Finlandia para que ella no tenga que ponerle fin a sus comodidades. Valgan verdades, la hija tiene 3 años y es un encanto; a Nikolái sólo se le puede criticar que es terriblemente aburrido; pero su mujer es la suma de todos los males a encontrar en un flatmate. Compradora compulsiva, arribista y absurdamente territorial son las características que mejor describen a esta mujercita obsesionada con los gatos, pues los encuentra fascinantes y de muy buen gusto (¡júzguenla ustedes a partir de la foto!). Hace tres meses, decidimos terminar la guerra fría que manteníamos con los rusos a través de una alturada discusión sobre las recurrentes extensiones de la visita de la condesa. Un personaje como ella hubiera estado mal dibujado si llegado el momento no hubiera soltado sus lágrimas de cocodrilo, para increparnos por “menuda falta de empatía y consideración”. La cosa se arregló pero volvió de viaje y escogió el día de su cumpleaños para mostrarme su división de las tareas domésticas. Como para mí no es más que una invitada, ya imaginarán mi entusiasmo cuando le cantábamos cumpleaños feliz. En fin, nuestra permanencia en este depa depende de dos cosas: que se reduzcan las visitas de la condesa y que los rusos no descubran ésta historia.
Después de haber vivido con tres rusos, una española, un inglés, dos eslovenos, una italiana y cinco sudafricanos, creo que no falta mucho para que mi esposa y yo comencemos a buscar un nuevo flatmate, solo que en esta oportunidad se parecerá mucho a nosotros e incluso llevará nuestros apellidos.
Qué hay de ti, ¿vivirías con un flatmate? Si ya lo hiciste, ¿cuál es tu historia?
César Bazán
* Todos los interesados en publicar una historia en “Yo también me llamo Perú” pueden enviar sus artículos y fotos a los siguientes correos: editorweb@comercio.com.pe y jortiz@comercio.com.pe

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