Un mensaje de optimismo desde Texas

Mi primer día
El séptimo día del séptimo mes del 2007 fue para muchos el día más suertudo de todos, tanto así que ese fue el día en que Machu Picchu se volvió oficialmente una de las Siete Nuevas Maravillas del Mundo. Ese día también fue un muy especial para mis padres y para mí ya que llegamos a Port Arthur, Texas, luego de viajar 72 horas en bus desde Nueva York. Mi padre tenia viviendo aquí aproximadamente dos años y nosotros acabábamos de llegar a los Estados Unidos por la puerta grande, como él siempre soñó. Ya estabamos en la tierra del ‘Tío Sam’ y nos mudamos a un apartamento que, para nuestros gustos, era bastante cómodo y con aire acondicionado y calefacción, entre otras cosas. Así es, teníamos cosas que en el estilo de vida del peruano promedio no eran primordiales, pero que aquí son una necesidad. Los días pasaron lento. A pesar de nuestras comodidades, nos faltaba algo que aquí es más que necesario: un carro, porque no hay veredas casi en ningún sitio y las distancias son larguísimas. Mi papá se iba a trabajar cada mañana y, en esos días, mi mamá y yo nos quedábamos solos en la casa. Afortunadamente había aprendido inglés en el Perú, lo cual me ha servido bastante aquí. Varios de esos días en los que nos quedamos solos mi mamá y yo, salimos a pasear usando el bus de la ciudad, igual de cómodos y espaciosos que las casas y, para nuestra sorpresa, igual de vacíos que las calles. Tienen un mecanismo que los hace bajar la altura de la calle para que ancianos o gente discapacitada pueda subir sin mucho problema. También tienen una plataforma por la puerta que se abre sobre el exterior, formando así una rampa de acceso al bus para sillas de ruedas, y, además, no hay cobrador sino una maquina que te cobra el pasaje.
El colegio
Así pasaron los días hasta que en agosto me tocó entrar al colegio. En el Perú ya había acabado mi etapa escolar, pero aquí me di cuenta que es mejor hacer un año más de colegio (porque al fin y al cabo solo tengo 16 años) ya que el idioma lo tenía que dominar antes de ir a un college, además de que podría aplicar como alumno nacional y no internacional. En la televisión vi que aquí las secundarias de Estados Unidos eran lugares llenos de chicos blancos y enormes que juegan fútbol americano y de chicas blancas, bonitas y crueles. Este colegio no es así, no hay blancos. Es un colegio de ‘minorías’, esto es, de negros (afroamericanos), asiáticos(vietnamitas) e hispanos(mexicanos). Los blancos viven en su lado de la ciudad, así es aquí en el sureste de Texas.
La consejera académica (una mujer americana, blanca, canosa y muy amable), me dijo que si me decían para entrar al programa ESL (es decir, clases para aprender inglés como principiante) les dijera que no, pero nunca me preguntaron. El primer día, mi primera clase fue Inglés 4 AP (advanced placement), una especie de clase de lenguaje o comunicación integral de quinto de secundaria. Me sentaron delante de una china con un peinado de esos bien rockeros, de cabello dorados con puntas rosadas y todo alborotado, y al lado de otro chino, uno bien delgado y con lentes negros.
Hubo un momento en el que la clase se desbandó y todos, incluso la profesora, empezaron a conversar. Una negrita se sentó atrás del chino y la china y empezó a conversarles. Me quedé mirando, hablaba de su viaje a California en el verano. Luego, la negrita me dijo ¿cómo te llamas? (obviamente, en inglés), yo le dije mi nombre y me respondió ¿entonces eres de México?. Yo le dije “no, soy del Perú” y la expresión que puso luego fue de un asombro tremendo. La clase entera regresó a verme. En ese momento ella dijo “¡He is from Peru!” y escuché que atrás alguien decía “cool, ¿y eso dónde está?”. Luego de eso, las preguntas que vinieron fueron de todo calibre: ¿tienen carros en el Perú?’, “hay McDonald’s allá?, ¿tienen Wal Mart?, ¿tienen Ford, Chrysler o Chevrolet?, ¿usan ropa allá?’, ¿es en

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