Más allá de tu origen

Aún recuerdo el día de mi arribo a Miami. Era un ya lejano 9 de marzo del 2002. Atrás habían quedado las eternas amistades, el “Yo también me llamo Perú” cantado a viva voz una semana antes del viaje, las despedidas de las ex, de las actuales, de las amigas cariñosas, de los amores platónicos, las recomendaciones de mis padres, de los amigos del trabajo y demás cosas que suceden cuando alguien parte de su país. Mientras todo esto sucedía, yo solo me mantenía con la ilusión de mejorar y regresar algún día. Tratando de aparentar una intelectualidad que no va con mi personalidad, confronté al oficial de Migraciones cuando en tono inquisidor me preguntó hasta cuándo me quedaría en Estados Unidos. Yo, con la desfachatez que siempre me ha caracterizado, le respondí que estaría allá “hasta que se me acaben los 4.000 dólares que he traído de bolsa de viaje”. Claro está que si me hacían abrir la billetera, solo hubiesen encontrado 22 dólares, el resto de mi dinero me lo gasté en un reloj en Panamá.
Seis meses se transformaron en 6 años. En esta aventura conocí gente buena, mala, humilde, trabajadora, viciosa, en fin, tal cual pasa en cualquier parte del mundo, la única diferencia es que aquí nadie me conocía y no tenía que decir que vivías aquí o allá para pretender encajar en determinado grupo. Muchos se sorprendían cuando les decía que soy de Talara, porque aquí en Cincinnati, Ohio, todos los peruanos son de San Borja, Miraflores o La Molina.
A diferencia del Perú, aquí no importa de dónde vienes, dónde vives, dónde estudiaste o quiénes son tus amigos. Cuando a punta de trabajo rompes esa barrera económica, todos estamos en el mismo círculo. Si alguien tiene un carro nuevo, tú también te lo puedes comprar, por lo tanto, lo que pasó o lo que tuviste en el Perú simplemente se queda allá, junto con los recuerdos que siempre te acompañarán.
Han pasado ya casi 7 años desde que llegué a Ohio y aquí tengo familia y nuevos amigos que, lejos de perpetuarse en esa mentira del origen, terminan reconociendo que son de San Juan de Lurigancho o Comas, porque se dan cuenta que lejos de la coyuntura racial que existe en el Perú, aquí no es necesario mentir para explicar tu origen. Tu apellido es solamente el “Last Name” de la solicitud de trabajo, y no importa si apellidas Berckemeyer o Panta. Aquí, si trabajas, triunfas; si te esfuerzas, lo logras; y si te dedicas, el país de los sueños será muy pronto tu país.
Alejandro Delgado, Estados Unidos
* Todos los interesados en publicar una historia en “Yo también me llamo Perú” pueden enviar sus artículos y fotos a los siguientes correos: editorweb@comercio.com.pe y jortiz@comercio.com.pe

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