Mi primer mes y mi primer amigo

Hoy cumplo mi primer mes en España y espero que ya haya pasado lo peor. En los primeros días todo es nuevo, todo brilla, todo te parece fantástico, caminar por las calles sin que nadie te conozca, gritar si te provoca, perderte solo por conocer, acercarte a cualquier persona solo por el hecho de hablar con alguien, museos gratis, Picasso, Rubens, Goya, Velásquez, Bosco, Dalí, etc. Para un peruano como yo, para quien lamentablemente sus museos no gozan de dicha talla, España es un mundo por explorar y con muchas dudas por resolver. Primeros conocidos ( aún no son amigos ), personalidades tan distintas a los que los latinos estamos acostumbrados, bromas que no entiendes, mirar TV sin comprender la realidad política, digamos que esta es la parte que gozas cuando eres un recién llegado.Pasada las dos semanas, y cuando ya comienzas a hacer de tu vida una rutina, es decir, cuando ya te acostumbraste al cambio de hora y cuando tu cuerpo ya asimiló que estás en otra parte del mundo aunque aún no lo entienda, comienzan las dudas. ¿Qué hago aca?, ¿Por qué nadie me llama? ¿Soy feliz? ¿Me equivoqué de carrera por segunda vez? ¿Hasta cuándo podré soportar la nostalgia de la vida que dejé?. Por momentos entran ganas de decir “al diablo con todo, me regreso, no importa si ya pagué el curso, total, la plata se vuelve a hacer”. Ese es el punto decisivo, ¿retroceder?, ¿luchaste tanto para estar acá y en tu primer vacío te das por vencido?, ¿tan poco valen tus convicciones?, ¿qué pasa, no puedes luchar con la soledad? Es ahí que vuelves a recapitular todo y haces un balance de lo bueno y lo malo de estar solo y de conocer un nuevo mundo.
Para la cuarta semana, ya te llamaron algunos amigos, tu familia te dice que te extraña y te quiere ( lindo de escuchar, tal vez en tu país no se toman el tiempo de decírtelo), algún conocido ya se perfila como amigo, sigues descubriendo al país y su gente, aprendes a lidiar con la soledad, lees, escuchas música, buscas un trabajo, conoces compatriotas, ya tienes un lugar preferido para visitar (en mi caso: El parque del Retiro y Sabatini, sin darme cuenta en el Perú me fui preparando a encontrar la paz en estos jardines, llenos de silbidos, flores y libros).
Yo ya tengo mi primer amigo, Alejandro. Su rostro refleja bondad, experiencia y muchas ganas de vivir pese a sus 85 años. Su infancia y juventud las vivió en Valladolid, hasta que se casó y decidió venir a vivir a Madrid. Nuestras conversaciones se nutren de experiencias que yo solo escucho atentamente. Don Alejandro ha trabajado haciendo de todo un poco, desde granjero hasta administrador. Lo encuentro siempre en el primer piso del lugar donde vivo, sentado, viendo a la gente pasar, con su bastón y su gorrita. Él puede pasar horas ahí, leyendo, conversando o simplemente esperando el saludo de alguien. Hace unos días estaba sentado en la banca y había una lata de cerveza a su lado, le pregunté si era suya, me miró horrorizado por tan infantil pregunta. “Hijo, hace más de 20 años que no bebo”, me respondió. Me olvidaba, lo conocí un día que me olvidé mis llaves. Tocaba el timbre y nadie contestaba, él, con mucha amabilidad, me dijo que mis compañeros habían salido, pero me abrió la puerta. Yo le agradecí y así comenzó nuestra amistad. Increíble, sabía dónde vivía y hasta quiénes viven conmigo. Espero llegar a esa edad con esa lucidez y con las mismas ganas de vivir.
¿Cómo o qué recuerdan de su primer amigo en el extranjero?
Franko Ruiz, España
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