Mitos sobre Alemania

Foto: Archivo El Comercio
Estoy por cumplir un año viviendo en Alemania. Vine para cursar una especialización en ingeniería, atraído por el amplio desarrollo logrado por este país muy innovador en campos de la ciencia y tecnología. Debo decir que no solo me atrajo el dinamismo de su realidad académica (después de Estados Unidos y el Reino Unido, Alemania es el país con mayor número de estudiantes extranjeros), sino también su pasión por los autos, la cultura, los bellos paisajes y la excelente cerveza.
Obviamente, antes de decidirme por venir a estudiar, realicé una pequeña investigación sobre el lugar donde iba a vivir por un tiempo. Obtuve información básica como que Alemania es uno de los países más densamente poblados del mundo, en una región que es casi la tercera parte del Perú viven más de 82 millones de habitantes, de los cuales un 10% es extranjero o tiene por lo menos algún progenitor extranjero. Es la tercera potencia económica del mundo, el mayor exportador del mundo y donde se fabrican para mí los mejores autos del mundo, pero valgan verdades estos solo son datos técnicos que no van a cambiar así este yo en el Perú o en la China.
Lo que más me interesó fueron las creencias populares sobre el comportamiento, estilo de vida y costumbres de sus habitantes (sumado a mi propia percepción también). Estas, a la larga, se convierten en mitos, en leyendas urbanas que pasan de generación en generación y es difícil deshacerse de ellas.Alemania es un país pequeño comparado con el Perú, pero es muy diverso. Fue formada en el siglo XIX (muchos años después de la independencia del Perú) por la unión de diversos pequeños reinos existentes en el actual territorio germano, por lo que es posible que un alemán del sur sea muy diferente a uno del norte, y un “schwabo” del sur puede tener ciertas diferencias con un “bávaro” también del sur.
Yo estoy viviendo en un estado federal llamado Baden-Württemberg, el que limita en parte con Suiza y Francia por lo que mis experiencias las limitaría a esta parte de Alemania, donde se alojan las cedes de empresas como Mercedes Benz, Porsche, SAP. Lo que voy a describir lo circunscribo exclusivamente a mi opinión personal sobre los mitos que tenía sobre los alemanes, los cuales, luego de vivir acá un tiempo, los he afirmado o transformado.
Los alemanes son fríos:
Considero que decir esto es una gran injusticia. Incluso me atrevería a reescribirlo de estar forma: “Los alemanes son muy respetuosos y prácticos”. La gente ha sido muy amable conmigo, siempre te saludan con un “guten Tag” (buenos días) o se despiden con un “haben Sie einen schönen Tag” (tenga un lindo día).
Los alemanes tienen mucho respeto por el otro, por eso cuando no te conocen bien te tratan de Usted, que en “peruano” muchas veces es interpretado como signo de frialdad o distanciamiento.
Dicen que son fríos porque no son cariñosos, ¡falso! Pueden ser y necesitan tanto cariño como nosotros. Que no tienen compasión por el prójimo, ¡falso! Alemania es, después de Estados Unidos, el país que más aporta al tercer mundo. Se respeta mucho a los ancianos y los ancianos respetan mucho la vida de sus hijos, se respeta a las madres solteras, a los homosexuales, y se da mucho valor a la privacidad y a la libertad. El amor es tan bueno como el que recibes de tus padres y familiares en el Perú, quizás sin el toque tan “apapachoso” que tenemos.
Son súperpuntuales:
Este era un mito difícil de creer, especialmente viniendo del Perú donde todavía la impuntualidad es la norma a seguir, pero es totalmente cierto. Los trenes y los buses funcionan con una precisión de segundos. En las reuniones la hora es la hora, un poco antes mucho mejor. Igual con las clases, los matrimonios, las citas amorosas, etc. Para esto el gran secreto es la planificación. En general, las citas para algún evento se dan con mucho más tiempo de anticipación que en el Perú, por lo se prevén y evitan muchos “imponderables” que a nosotros nos sirven como excusas para justificar nuestra tardanza.
Toman cervezas en litros:
Esto es un sí y un no. De por sí Alemania es un país cervecero, con uno de los mayores índices de consumo per cápita del mundo. Cuando voy al supermercado, los hombres alemanes se llevan la cerveza en cajas, a veces no solo una, sino dos o tres cajas y, en muchos, casos ¡es solo para su consumo personal!
Pero acá entra a tallar algo importante: se tiene lo que podría denominar “un consumo responsable”. Muchos toman todos los días por lo menos medio litro, pero en vez de llegar a extremos (que con seguridad también los hay, especialmente en sus famosas fiestas cerveceras), disfrutan mucho del sabor. En las reuniones, aunque parezca contradictorio, la gente no se emborracha hasta terminar privado en una esquina de la sala. Muchos tienen que conducir (tomar un taxi acá, a diferencia de en el Perú, es casi un lujo) o piensan en sus actividades del día siguiente (recuerden lo de la planificación). Se toman litros de cerveza, pues sí, pero de manera controlada y mucho más pausada.
Son súperordenados:
Esto es totalmente cierto. Bastaría con una vuelta por sus calles para darse cuenta. Cuando llegué por primera vez me quedé impresionado de la cantidad de señales de tránsito que existen, de hecho tienen la mayor cantidad per cápita en el mundo. Hay mapas muy detallados, folletos, formularios, Internet, instrucciones e información para todo. Se crea mucho material con el fin de que se pierda menos tiempo pensando y se tenga algo así como una “línea guía” con la que, con mucha confianza, te puedes embarcan en terrenos inexplorados ahorrándote tiempo y molestias. Obviamente he conocido también alemanes que son un desastre total.
Los alemanes son racistas:
En mi corta experiencia personal no he tenido ni siquiera la impresión de alguna actitud discriminatoria hacia mi persona. Pierdes tu tiempo si buscas una sonrisa o una señal de aceptación, pues eso simplemente no existe. Más bien, me han abierto las puertas de discotecas, clubes, empresa, y de más sitios que, de estar en Perú, me hubiesen sido prohibidas. Incluso he llegado a pensar que muchos inmigrantes se aprovechan de las libertades e igualdades que existen, tratando de imponer sus costumbres, su idioma, su religión, etc. Este tema es, sin embargo, muy sensible aún en la sociedad por el pasado que le precede al país, pero de lo que estoy seguro es que el Gobierno hace todos los esfuerzos posibles para integrar a los extranjeros y erradicar cualquier sentimiento que dispare una oleada racista o xenófoba como la hubo en los años 90 con la aparición de los famosos “skinheads”. Siempre escucho noticias al respecto que me hacen prestar mucha atención, pero al menos yo hasta ahora he estado bastante cómodo.
Cosas positivas que encuentro de Alemania:
Si sales con una chica a cenar o al cine la cosa es “getrennt”, es decir cada uno paga su cuenta. En las autopistas (Autobahn) no hay límite de velocidad, ni peajes, ni avisos publicitarios que te distraigan al conducir, por lo que si tienes el auto adecuado, puedes llegar muy rápido a cualquier lugar. La deliciosa cerveza blanca que todavía no se conoce en el Perú y el “Kartoffel Salat” o ensalada de papas ¡son buenazos! (Pero en general su comida es un “chancay de a 20″ en comparación con la nuestra).
Ahora que he compartido mis impresiones con ustedes compatriotas, les pregunto: ¿Qué mitos tenían antes de llegar a sus países de residencia? ¿Estos han ido cambiando con el tiempo de su estadía? ¿Qué usos y costumbres considerarían positivas para nuestro país?
Alberto López
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