¡Sí! ¡Ganamos!

Foto: Reuters
Esta mañana escribí el siguiente párrafo antes de enviar a un grupo grande de amigos la versión en español del discurso que anoche, martes 5 de noviembre del 2008, Barack Obama, flamante nuevo presidente de los Estados Unidos de América, dirigió al pueblo norteamericano a través de los medios de comunicación:
Estados Unidos afronta un cambio radical en su historia. Nunca me he visto completamente involucrado al momento de tomar posición en el largo debate entre republicanos y demócratas, pero anoche muchos prejuicios y antivalores cayeron al suelo con la elección del primer presidente negro en la historia de este país. No me meto a hacer análisis (aunque más tarde escribiré en mi blog sobre ello), pero definitivamente es un hecho esperanzador en una nación donde, hasta hace pocas décadas, ni las mujeres ni los afroamericanos podían votar ni tener los derechos de un ciudadano.
Un discurso notable. Otra vez, si a alguien le parece politiquero, lo siento. Saben que esa no es la intención.
La coyuntura electoral de estos últimos meses ha sido única. Es la segunda vez que me toca presenciar desde dentro un proceso democrático para elegir al máximo gobernante de los EE.UU., pero, sin lugar a dudas, la reelección (2004) de George W. Bush – o cualquier otra votación – no le llega ni a los talones a la pugna entre John McCain y Barack Obama. Los motivos sobran: sin importar el partido ganador, tendríamos a partir de enero del 2009 al primer presidente negro o a la primera vicepresidenta mujer en la historia estadounidense. Por supuesto, el primer caso era inmensamente más dramático si recordamos las anteriores luchas (no siglos atrás, sino solo décadas) de la gente de piel oscura por adquirir las prerrogativas que caracterizan a cualquier ciudadano.
No hace mucho los negros no podían entrar a ciertos restaurantes, participar en algunos deportes o sentarse en determinados asientos de transportes públicos. Hoy, tenemos como presidente a un representante de esa mayoritaria minoría a la que llamamos comúnmente ‘mestizos’. Sí, un hombre negro hijo de un inmigrante africano de Kenia y de una mujer blanca con raíces irlandesas, inglesas y escocesas será pronto el máximo mandatario del que es, hasta el momento, el país más poderoso del planeta.
Mis estudiantes del cuarto grado me hacen sentir muy orgulloso pues han estado sumamente empapados de este proceso a todo nivel. Todos ellos manifestaron su apoyo a Obama desde hace varias semanas, motivados probablemente por las simpatías familiares. Ojo: en ningún momento he tratado de influir en sus incipientes percepciones políticas, pues sé de sobra cuán plausibles somos los adultos de formar (o deformar) la mente de una criatura al momento de definir qué nos gusta y qué no.
Me pasó a mí en cuarto grado cuando supe que mi profesor favorito de la primaria, Eduardo Luna, era hincha de la U (y soy ‘crema’ a rabiar); me volvió a ocurrir cuando hablaba en sexto grado con mi amigo de años, Carlos Roel, sobre Isaac Asimov (quien es hasta ahora mi autor favorito); y me ha pasado regularmente al saber opiniones ajenas sobre películas, restaurantes, autos, libros y un millón de cosas en general (es muy interesante hacer un poco de introspección y fijarse a qué edad empezamos a definir nuestros gustos).
¿Qué decía? Ah sí, que los chicos estuvieron bastante involucrados con estas elecciones. Gran parte de ello se debe a la buena y clara intención del distrito escolar independiente de Irving (mi empleador) para integrar en el aula lecciones relacionadas al clima electoral imperante en todos lados. Además, TODOS los estudiantes y profesionales de Irving votamos en unas elecciones, quizás ficticias, pero que no tenían nada que envidiar a las reales (por su elaborado diseño, la seriedad de sus fuentes de investigación –tipo CNN o las páginas oficiales de los candidatos -, su capacidad de mantener el voto anónimo, etc.)
Se dio una serie de hechos interesantes a lo largo de estos días. Un profesor amigo me narró que la semana pasada puso las principales ideas/propuestas de ambos candidatos principales en la pizarra sin especificar a quien pertenecían para que los niños justifiquen sus pareceres. En esta clase, una niñita muy linda simpatizaba por McCain porque ‘mis padres son republicanos, mis abuelos fueron republicanos y toda mi familia es republicana y él es el mejor candidato’. Un muchachito de raza mestiza ponderaba más bien por Obama y explicaba su favoritismo por ser ‘un hombre con mejores ideas’.
¿Adivinen qué? A la hora de elegir las ideas que les agradaban más, estos dos jovenzuelos del quinto grado eligieron al candidato contrario. Claro, se pusieron de muy mal humor (‘It can’t be! It can’t be!’)
Otro evento de este proceso: fuera de la escuela se apostaron numerosos vecinos de Irving con pancartas para votar por el ‘NO’. Me explico apoyándome en parte de un artículo de la BBC que me mandó mi amigo Luis Andrés Miranda Mendoza:
Los estadounidenses que acudieron este martes a las urnas no sólo debían elegir a su próximo presidente. En diversos estados se votaron proposiciones o iniciativas que tenían como objetivo cambiar leyes estatales en asuntos como el matrimonio homosexual, el aborto o la protección del medio ambiente.
Irving ha sido un distrito ‘seco’ desde antes que me venga a vivir aquí en agosto del 2002. Con esto quiero decir que la venta de alcohol en las tiendas, supermercados y estaciones de gasolina era inexistente. Claro, podías tomarte una cerveza o una copa de vino (o todas las que quieras) en un restaurante o en un bar de Irving, pero si querías comprarte un ‘six pack’ te tocaba subirte a tu carrito y manejar a Dallas o a Copell (que antes era seco también) o a cualquier otra ciudad aledaña. Parte de los argumentos era el tratar de lograr que la gente beba menos, que haya menos accidentes y que se aleje el crimen, la iniquidad y la miseria. Si hay algo que me da rabia es la capacidad que tiene el ser humano para ser imbécil y echar la culpa de sus fracasos a sustancias de las que cada uno debe tener control. Acá no existe la capacidad de diferenciar el uso del abuso, sino que se prefiere coactar la libertad de los demás para que un grupo (grande lamentablemente) sienta que está más cerca de llegar a la cima del cielo (al mejor estilo de Montaner).
Decía que muchos fanáticos andaban fuera de mi escuela para convencer a la gente que vote por el ‘NO’ frente a la propuesta de venta de alcohol. Tuvieron la mala suerte de agarrar a mi amigo Eddie R. quien, con la más completa seguridad de palabras que a alguien le da un razonamiento bien hecho les reclamó el hecho que sean tan cerrados. ‘¿Saben cuántos impuestos pierde nuestra ciudad por la no venta de alcohol?’ ‘¿Creen que realmente la gente toma menos por no poder comprar cerveza o licor en Irving?’ ‘Yo votaré por el ‘SÍ’ y tú te puedes ir a la…’
Muchachos, felizmente ganó el ‘SÍ’. A partir de enero podré irme al 7-11 que está a la vuelta de Davis y comprarme mis Samuel Addams junto a mis Marlboro Lights durante una pausa entre mis lecciones de escritura y de estudios sociales (por si acaso es una broma).
Dos motivos para empezar a creer que ya no vivimos en tiempos medievales:
Ahora puedo comprar alcohol alrededor de mi casa sin que nadie me lo prohíba o sin que me tenga que ir lejos.
Tenemos hoy un presidente perteneciente a una minoría que ha sido discriminada por siglos.
Voy a seguir la clase con mis niños. ¿Quién sabe si entre ellos, hijos de mexicanos, salvadoreños o argentinos podría estar un futuro presidente de este país que ahora sí le ha enseñado a muchos a creer en él?
Juan Manuel Carpio, Estados Unidos
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