Lágrimas y alegrías en South Dakota

Me animé a escribir porque quizás mi historia le puede servir a alguien. Cuando era niña viva en Renovación, en La Victoria, y cuando cumplí 8 o 10 años, no recuerdo bien, nos mudamos a la Plaza Manco Cápac. Estudié en colegios estatales, y a pesar de que mis padres trabajaban, éramos muy pobres, felizmente ellos siempre nos enseñaron a mis hermanos y a mí que era importante estudiar, así que cuando terminé la secundaria decidí ser Químico-Farmacéutica, por eso fui a San Marcos. Cuando terminé la carrera no sabía qué hacer, pero como siempre me ha gustado estudiar y me gusta lo difícil, decidí seguir una maestría en Química. De alguna manera terminé el programa trabajando y estudiando, después de eso trabajé varios años en laboratorios como vendedora y visitadora medica, pero estudiando inglés y haciendo algo de investigación en San Marcos al mismo tiempo. Un buen día tomé un examen internacional para medir mi conocimiento de inglés y, para mi sorpresa, tuve muy buen puntaje, suficiente para aplicar a cualquier universidad en el extranjero.Por esa época reapareció en mi vida un compañero de la maestría que había viajado a Estados Unidos para seguir estudios de PhD. Él estudió en el Perú en la Católica y tenía ambiciones muy diferentes a las mías, pero de alguna manera yo siempre le había gustado, me llamaba, me mandaba correos, tarjetas, flores, peluches y pasteles… en unos meses se hizo importante en mi vida y cuando me preguntó si quería ser su enamorada, a pesar de la distancia, yo acepté. Después vinieron las visitas al Perú y finalmente decidimos que queríamos estar juntos. Como él no iba a regresar al Perú porque aquí no hay lugar para un científico PhD, la que tenia que ir era yo.
Él me convenció para ir a Estados Unidos también como estudiante de PhD. Yo no tenía muchas esperanzas en que me acepten y me den una beca integral (porque yo no tenía plata ni para el pasaje de avión), pero como estaba tan enamorada, creía en su palabra y amarrando todos mis miedos y prestándome plata de todo el mundo, hice todos los trámites y entrevistas necesarios. Apliqué a cuatro universidades ¡y me aceptaron en DOS! Elegí la que me daba más apoyo, lo único no tan bueno era que iba a vivir a 14 horas de mi entonces amado enamorado. No nos importó, si nuestra relación está en pie estando yo en Lima y él en Texas, ahora seguro iba a ser mejor.
Conforme se acercaba la fecha de partida me iba sintiendo más nerviosa. ¿Rendiré?, ¿quedaré como bruta?, ¿y si no puedo mantenerme en los estudios?, ¿habrá discriminación?, entenderé las clases?, ¿me gustará el programa?, ¿aguantaré el frío?… en fin, hasta dudaba de si realmente debía viajar o no. Gracias a Dios mi sabia madre me aconsejó visitar a un psicólogo que me ayudó a recobrar mi coraje y la confianza en mi misma.
Cuando empecé a estudiar, en algunos cursos no entendía ni de qué hablaban. Con muuuuucho esfuerzo y dedicación me nivelé lo suficiente como para mantenerme como PhD student. Al mismo tiempo, mi relación con el chico del inicio no funcionaba, la distancia nos hacía pelear por todo y encima él era celoso y desconfiado conmigo. Nuestra situación era muy estresante y me quitaba el sueño, así que atorándome con mi llanto decidí terminar con él y concentrarme en la gran oportunidad que tenía para desarrollarme profesionalmente.
Los estudios no son fáciles, me saco el ancho estudiando, pero lo más difícil es la investigación. La mayor parte del tiempo los experimentos no salen como uno quiere. A veces cometo errores tontos o me distraigo y después solo me queda llorar en mi cuarto debido a la frustración. Hay que presentar el trabajo cada semana, hay reuniones y eventos donde debes sustentar con resultados por qué eres PhD student. No soy la mejor, pero me mantengo. Es un esfuerzo increíble, estar aquí me cuesta sangre, sudor y lagrimas, pero pensar en el futuro que tendré y en todo lo que puedo hacer como científica me mantiene y me da fuerzas para continuar.
Tiempo después de mi separación sentimental encontré un nuevo amor. Él no habla español, su carrera es diferente a la mía y no entiendo nada de sus circuitos y diseños, pero somos felices y nuestras diferencias nos enriquecen.
Si alguien tiene la ambición de desarrollarse como profesional en Estados Unidos yo le diría que lo intente. Si no sale una vez, a intentar otra y otra más. Es durísimo, pero las oportunidades, experiencias y vivencias que uno tiene aquí bien valen el sacrificio. Esa es mi historia, cada día sigo luchando y así seguiré por algunos años más, y estoy feliz de que así sea.
Ruth Guillermo, Estados Unidos
* Todos los interesados en publicar una historia en “Yo también me llamo Perú” pueden enviar sus artículos y fotos a los siguientes correos: editorweb@comercio.com.pe y jortiz@comercio.com.pe

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