En Egipto: el paseo
Una de las ventajas de estar fuera de tu país es que tienes la posibilidad de conocer y aprender de otras culturas y realidades. Acabo de cumplir tres años fuera de Perú y he aprovechado, creo yo, al máximo este juego del destino para viajar lo mas que puedo a los lugares que siempre soñé.

Pero estos viajes no solo están reventando mi computadora de fotos, mi mesita de recuerdos y disminuyendo mi cuenta de ahorros, también me han dado la oportunidad de sorprenderme, admirar y algunas veces decir: “Gracias a Dios naci allá y no aquí”.
Desde que era niña había soñado con conocer las pirámides, de alguna forma las películas sobre momias y sus maldiciones me envolvían, lo mismo que la cultura árabe. Cuando estuve viviendo en Australia intenté planear un viaje a Egipto y hacer mi sueño realidad, sin embargo, la distancia y el presupuesto me hicieron desistir
Una vez en Europa no lo dudé dos veces y me embarqué en un tour de 15 días por aquel mágico país, el buen “mix” que ofrecía el programa entre desiertos, mar, historia y ciudades me hizo tomar la decisión de pasar la Navidad y Año Nuevo en Egipto y no en el Perú con mi familia.
Llegué a El Cairo y empezó la aventura, y diría que el desorden en el tráfico le hacen competencia a Lima. Apenas ingresamos a la avenida empezamos a cambiar de carril, tocar bocina, esquivar gente que cruza por cualquier lado, tratando de no chocar y que nos choquen, etc., etc.… yo me reía, recordando lo parecido que era al Perú. Un punto a favor de Egipto es que sus taxis al menos están estandarizados, tienen el mismo color y no encuentras taxistas informales, eso me dio algo más de tranquilidad, aunque el chofer tenía el cinturón de seguridad de adorno.

Ya con la luz del día y camino a las pirámides pude ver más claramente el caos de esta gran capital. Lo que no me esperaba es que podía avistar una de las pirámides desde ese desorden, me decepcioné un poco, no esperaba que fuera así, claro que cabe recalcar que esta es sola una de las tantas vistas de esta maravilla mundial, no la más publicitada, por supuesto.
En los siguientes días visitamos el famoso Valle de los Reyes y Nobles y en muchas de las ruinas se han instalado barrios enteros que te impiden disfrutar plenamente una caminata porque muchos vendedores te “acosan” mostrándote postales y productos. Bueno, eso no solo ocurre allí, en ciudades como Luxor y Asuán puedes ser abordado fácilmente por alguien que te ofrece un paseo a carreta a la voz de “one dollar, one dollar” y estando allí más que nunca recordé la frase “nada es gratis”, si alguien te sonríe, saluda o te guía cuando estas algo perdido, pues su propinita le has de dar.
Los “pelo rubio, ojo verde/azulado” son siempre “los más buscados”, las “víctimas” diría yo. Mi cabello oscuro y fisonomía algunas veces me salvaban de un potencial acoso. Otra anécdota es que el Perú no es muy conocido, así que después de tratar de explicar dónde quedaba nuestro país, me rendí y decidí decir que era de Brasil, me di cuenta entonces que el jugador Kaká era más conocido que toda nuestra nación.
Entre aventuras y buenas y malas experiencias terminaban mis días en Egipto. Ya en el aeropuerto identifiqué otra similitud con el Perú: la burocracia. Hacía mi cola para Inmigraciones, como avanzaba muy lento, pensé que era porque muchas personas se hacían “los vivos” pero no, eran dos personas que revisaban tu pasaporte, la primera generalmente un hombre, con cigarro en mano y tomando té, abría tu documento, lo miraba, anotaba algo manualmente y luego lo pasaba a una segunda persona, generalmente una mujer, luego te decía “espere por favor”, esa señora recién pasaba la banda electrónica y después de unos 5 minutos podías pasar a sala de espera. Yo estaba totalmente asombrada, punto a favor del Perú, no hemos llegado a ese extremo (aún).
Sin embargo, si lo pensamos bien, en países en desarrollo la burocracia es considerada “La fuente generadora de trabajo”. Pensemos en el famoso impuesto que tenemos que pagar en los aeropuertos peruanos, claro, tienes que apurar la despedida con tus seres queridos porque sabes que te espera una “colita” para pagar tu impuesto. Digo yo, (y otros amigos extranjeros) ¿por qué no se incluye en el precio del bolete aéreo como se hace en la mayoría de países?
Algunas cifras, sin embargo demuestran que a pesar de todas las cosas negativas que tiene el país de las pirámides tiene su cuota de turistas asegurada. Solo en el 2008 recibió más de 12.8 millones de turistas y el Perú, 2 millones. Todos nosotros, peruanos, sabemos que nuestro país es interesante y posee atractivos increíbles, pero al parecer o nos falla el márketing o simplemente las malas experiencias o comentarios de los turistas nos están jugando en contra. En otras palabras, nos estamos haciendo autogoles a cada rato.
Si mejoramos el transporte público, somos más ordenados en el tráfico, terminamos con los taxistas informales y de paso con los asaltos bajo esta modalidad, creo que podrían ser los primeros granitos de arena que harían cambiar en algo la imagen de nuestro país. Sé que tenemos que hacer muchas cosas más, pero son estas cosas las que ve un turista apenas pone un pie en nuestro país, al menos les daremos un sentimiento de alivio y seguridad.
Finalmente, todos estamos de acuerdo en que la base del cambio es la educación, que hará que se fomente el respeto, respeto por uno mismo, por los demás, por la propiedad privada, por la autoridad, por nuestra comunidad y por nuestro legado. Solo así dejaremos de tirar basura a la calle, arriesgar nuestra vida subiendo a un micro lleno, respetaremos las señales y normas de tránsito, tendremos nuestro carrito de taxi limpio y en buenas condiciones, etc. ¿Quién debe iniciar la transformación? ¿Qué podemos hacer nosotros desde el exterior para apoyar ese cambio? Yo por lo pronto estoy juntando todo lo bueno (a veces lo malo también sirve) que veo y que algún día ya de regreso a mi tierra me gustaría replicar.
Liuva Andrade, Holanda
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