Nosotros también nos llamamos Perú

Esta es una historia diferente, pues no es de un peruano en el extranjero sino la de un extranjero en el Perú. Ya han sido 7 años desde que abrimos las puertas de la Casa Hogar Los Gorriones. Al principio, en el ya lejano 5 de marzo del 2002, empezamos esta aventura mi esposa y yo, porque estábamos deseosos de ayudar en Ayacucho. Pensábamos que mi experiencia como un educador en Francia y la de mi esposa como una enfermera de niños con debilidades aliviaría la difícil tarea de ayudar a tantos niños, pues Ayacucho es el segundo pueblo más pobre de Perú y hay muchos niños abandonados que sin ninguna ayuda se descarrilan hacia las drogas y el alcohol. Nosotros no podíamos dormir tranquilos sabiendo que había niños durmiendo en huecos en la calle. Si bien al inicio fuimos solo los dos, a lo largo de 7 años mucha gente nos ha ayudado y se ha interesado en nuestro proyecto.Todavía hay mucho por hacer, pero todo es para ayudar a los niños. El amor es grande y estos niños que vienen de la nada y no saben cuál es el significado del amor todavía tienen una oportunidad de ser felices. Es nuestro deber hacer que esa oportunidad sea aprovechada. Por eso decidimos fundar la Casa Hogar Los Gorriones, pues el único propósito es ser una gran familia para esos niños. En verdad el dolor que ellos sostienen es indescriptible y nosotros somos los únicos en Ayacucho que acogemos a niños abandonados con discapacidades, a niños que están enfermos o con problemas sociales. Por ejemplo tenemos a N; ahora ella tiene 5 años y tiene un daño cerebral permanente. Cuando la recibimos hace 2 años y medio aproximadamente, además de sufrir de ceguera, ella tenía desnutrición crónica y pesaba 4.7 kilos. Ahora pesa 12 kilos. N no tiene un sistema inmune lo suficientemente fuerte para protegerla y por ende sufre de altas fiebres. Nuestro deber es cuidarla y ser su segundo sistema inmune. Los costos de mantenimiento (básicamente medicinas) son altos, especialmente durante el invierno, pero nos mantenemos a flote como sea.
Algo de lo que me he dado cuenta desde que llegué a este hermoso país es del calor de la gente y el gran corazón del pueblo peruano. Por el momento vivimos en una casa rentada, pero no está acondicionada para tener a 27 niños (13 niños discapacitados, 7 niños con daño cerebral y 6 con discapacidad mental). Hace unos años adquirimos un terreno de 2.400 metros cuadrados y empezamos el proyecto de construir 2 casas. Con la ayuda de unos arquitectos tenemos planeado empezar la construcción en marzo del 2010 si Dios nos permite recaudar los ¾ de fondos que nos faltan. Cada nueva casa albergará a 25 niños, tendremos un centro de rehabilitación y ejercicios para nuestros niños y otro centro para los niños que no pertenecen al hogar y no tienen recursos. Ese es el sueño de los Gorriones, vivir en un lugar libre de violencia familiar, y del gran problema del abuso de alcohol. Un lugar donde los niños puedan recibir una buena educación. Gracias a la ayuda de empresas privadas internacionales y gente con ganas de dar estamos saliendo adelante.
Uno de nuestros planes más ambiciosos es un proyecto para ayudar a niñas jóvenes que fueron víctimas de abuso sexual, madres jóvenes sin esposo y niñas que se dedican a las prostitución. Todavía necesitamos una asociación que nos ayude en este proyecto.

Chantal, mi esposa
Mi esposa Chantal y yo vivíamos en las montañas de Francia, teníamos una buena vida y éramos bien felices mientras tratábamos de ayudar a las personas que no tenían nuestra misma suerte. La madre Teresa de Calcuta se volvió un ejemplo para nosotros después de que leímos muchos de sus libros. Y así fue que en 1999 decidimos dejar nuestro hogar y nuestra familia, y nos dirigimos a la India para empezar nuestro proyecto. Pero en el año 2001 Dios nos mandó por otra dirección, específicamente a Ayacucho. Terminamos abriendo las puertas de la “Casa Hogar Los Gorriones” al año siguiente. El primer año fue duro, sin ninguna ayuda, tuvimos que vender nuestra casa en Francia para seguir con el proyecto. Pero el 2003 recibimos ayuda desde Bélgica. Nuestro sueño más grande poco a poco se volvía realidad ante nuestros ojos. Nuestros niños necesitan amor y ser estimulados para que progresen. Nosotros tratamos de enseñarles buenos valores y al mismo tiempo los preparamos para que algún día ellos mismos puedan tomar riendas de sus vidas. Para hacer eso también necesitamos proveerles una buena educación, pues los colegios aquí no son suficientes para nuestros niños, y el sistema no funciona como debería. Por eso nuestros niños, con ayuda de gente caritativa, van a escuelas privadas.
Y si nuestro sueño se vuelve realidad a paso lento pero seguro es porque ahora un ángel nos ayuda desde el cielo. Mi esposa, Chantal, falleció el 10 de abril del 2008 víctima de cáncer. Ahora es solo mi deber seguir con este hermoso proyecto y verlo florecer.
Por último, les pido su ayuda para seguir adelante. Mientras más ayuda recibamos, más ayuda podremos dar. Es así de simple. Todo tipo de colaboración es bienvenida, pues nos da más fuerzas para seguir yendo para adelante. Cada tipo de ayuda nos recuerda por qué hacemos lo que hacemos: por los niños, los que más nos necesitan y por el Perú.
Gil Van den Bergh
* Todos los interesados en publicar una historia en “Yo también me llamo Perú” pueden enviar sus artículos y fotos a los siguientes correos: editorweb@comercio.com.pe y jortiz@comercio.com.pe

:quality(75)/2.blogs.elcomercio.pe/service/img/saldetucasa/autor.jpg)