Cuando pienso en mi país
Hace unos días estaba leyendo noticias del Perú, como siempre lo hago desde que salí de allá hace casi 3 años, y me encontré con las novedades de siempre: la política en el Perú, fútbol peruano, elecciones, reclamos sociales, y el caos del tráfico, entre otras cosas. 
Foto: Musuk Nolte
Mientras leía pensaba en mi país y en sus contradicciones, en la esperanza de todos mis compatriotas de obtener una vida mejor, en los que estamos fuera y en los que se quedaron por allá buscando salir adelante en su tierra. También meditaba acerca de nuestra manera de reaccionar ante la crisis, el delito o la corrupción; lo censuramos pero siempre pensamos “qué listo”, “qué caradura”, “se dejó atrapar”, etc. Eso es parte de nosotros y así somos.
Meditaba, entonces en todo ello y recordaba así que me tocó vivir en los años de la inflación, del terrorismo, del atentado de Tarata, de la captura de Abimael, de Villa Coca. Soy, me decía, de la generación de los vladivideos y de Montesinos, de una generación que tuvo que lidiar con la crisis económica, con la crisis de valores en nuestra sociedad y aún así mantener el horizonte y los sueños inmaculados, para lograr salir adelante como personas.
Crecí, me daba cuenta, con todo ello, y recordé entonces que alguna vez me emocioné con la frase “nunca más de rodillas”, pero también me decepcioné con la inflación que nos vino luego, perdí un negocio propio por culpa de la inflación galopante, trabajé luego como Jefe de Créditos en una empresa que cerró porque el dueño retiró su inversión para llevarla a otro país, estuve desempleado e hice taxi, luego lavé carros, trabajé de vendedor en todo lo que pude, caminé por lugares que jamás soñé conocer, volví a empezar de cero una y varias veces, siempre aposté por mi futuro en nuestro país. Recuerdo que en mi carro había una calcomanía que decía “Quiero mi tierra, por eso no lo lavo” y vaya que sentía ese cariño por el Perú. Un buen día me levanté enfermo y eso me llevó a sufrir en un lapso de 3 años dos infartos y un derrame cerebral, pero aun así volví a comenzar, hasta que encontré un buen empleo, no por lo que ganaba sino por la consideración hacia mi persona, un empleo porque había posibilidad de crecer en lo personal y en los profesional; mis estudios de Derecho por fin me servían de algo, y mi capacidad y mi afán de progresar fueron por primera vez valorados.
Terco y necio yo, no quería dejar mi tierra pese a que tenía familia en el extranjero que me invitaba a buscar nuevos horizontes y darle a mi hijo un futuro mejor. Demoré por años mi partida del Perú creyendo siempre que mi país me necesitaba, creyendo que de esa manera contribuía a mejorar nuestro presente y futuro. Mi hijo tenía entonces 15 años y hoy, cercano a los 18, también tiene sus sueños, me recuerda a mí cuando tuve esa edad. Fue por él que decidí abandonar la tierra que me vio nacer para enfrentarme a una realidad distinta, en crisis, por él y por mi familia, por sus sueños, ya que mi esfuerzo no alcanzaba para todos. Ahora estoy en España soportando una crisis, soportando un desempleo que crece día a día, buscando trabajar en lo que pueda para darle un mejor horizonte y regresar algún día a invertir en mi país, y trabajar en él, para aportar con mi experiencia desde donde me toque comenzar de nuevo. Sueño que podré aportar un granito de arena para mejorar mi país y agradecer así todo lo que el Perú me dio: una familia, un amor, un hijo, unos amigos entrañables y el orgullo de ser de una tierra que me inspira a salir adelante, desafiando el futuro y la realidad de una crisis mundial.
Doy gracias a la vida por tener vida y salud, por mi origen peruano, por tener ese afán de no conformarme con lo que se presenta en mi vida. Somos muchos los peruanos que estamos fuera, cada uno tiene su historia y cada quién a su manera desea lo mejor para los suyos. No creo ser un demagogo, los peruanos somos el resultado de vivir en un país con tantos problemas, somos orgullosos, peculiares, distintos y siempre nos distinguimos en todos lados por nuestro trabajo, por nuestro tesón, por nuestro ingenio, nuestra alegría, nuestra cultura, nuestra educación y valores, nuestra música y comida; creo que cada uno lucha a diario a su manera, orgulloso de su origen y soñando con ver de nuevo nuestra tierra.
Cuando pienso con nostalgia en mi país, en mi tierra, pienso en los que más quiero, en los que amo. Hoy, creo que ya lo dije, estoy en España, y no hay un día en que no piense en el Perú, lidio con un clima diferente, con costumbres diferentes, con trabajos diferentes, con personas diferentes, extraño a mi compañera, extraño a mi hijo, extraño el pan francés, extraño un cebichito, un ají de gallina, un chifita con mis amigos, una chelita después del trabajo, extraño el gusto de conversar con personas que sienten la vida como yo, extraño sentirme parte y dueño de la tierra que piso, extraño todo lo que viví y con lo que crecí.
Sin embargo, seguiré aquí, buscándome un futuro mejor para brindárselo a los que amo. Siempre pienso en el Perú, en mi tierra, en las razones que me llevaron a dejarlo y en las razones por las que continuaré lejos.
Quiero compartirles lo que escribí una tarde pensando en mi país. Como digo, no sé si lo tomarán en cuenta, no sé si olvidarán mis palabras, pero me di el gusto de escribirlo y ahora compartirlo con tantos peruanos que, como yo, están fuera de esa tierra bendita que es el Perú. Lo hago para animarme y animar a los que, como yo, están fuera y ahora vemos a nuestro país desde lejos y aprendemos a amarlo a pesar de ser como es. ¡Que viva el Perú y quienes de allí somos!
Cuando pienso en mi país
pienso en su gente,
en los que se levantan día a día
a buscarse la vida por los que quieren,
pienso en aquellos que sudan,
que caminan…
por el pan del día…
Pienso en el que vende caramelos en una esquina
en el analfabeto que trabaja el campo,
en la madre que llora la leche que le falta
que llora la comida pobre para sus críos
pienso en los arenales de Ventanilla, de Comas ….de Villa El Salvador
en Miraflores con sus hermosas calles, en sus parques cuidados
en los hermosos edificios de San Isidro, en Barranco y su misterio y su tradición
pienso en Valle hermoso, en Monterrico….
en Huaraz y su callejón, en Pisco o lo que de el queda, …
en el Cusco milenario….en Huanchaco, en Chicama y sus playas
pienso en lo hermosa que es mi tierra y lo valiente que es su gente…
pienso en mi país, en sus contrastes, sus desigualdades
en el cholo, el negro, el blanco, el chino, en su raza indefinida….
en el empuje de todos, en el ingenio, en su habilidad
para sobrevivirle a la crisis….y a la vida
Mi país no es el corrupto que fuga….
no es el que roba y lo niega…
mi país no es el que se acostumbra a la derrota…
mi país no es el de los héroes de la miseria y la envidia
la tierra en la que pienso…
no es la del avispado salteador de las leyes
no es la de las huelgas, de la violencia
de las muertes y abusos
Mi tierra es rica por los sueños
de quienes se esfuerzan…
por la intolerancia con lo absurdo de sus hombres
por la rebeldía de los jóvenes con el pasado derrotista
Mi país es aquel que se indigna,
que rechaza lo desagradable…..
al mediocre de aspiraciones arribistas,
al conformista con ganar por 1-0
mi tierra es mucho más que el caos en sus calles…
es más que la corrupción en la que vive,
mi país es más que su fútbol cansino
mi tierra es mucho más que la abulia de algunos…
de los pocos…
Mi tierra es la que sueño alegre
es la que quiero ver, triunfante, orgullosa
mi tierra… a la que espero volver …
es la de los amigos de juegos
de mis sueños limpios, aguerridos
mi país es la mujer que quiero
es el hijo que espero,
es la patria libre que en mi corazón anhelo…..
Mi país es el Perú y a él quiero volver…algún día
Iván Adrianzén Sandoval, España
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