Argentinizando, un recorrido por Buenos Aires
Treinta y cinco días fueron más que suficientes para en mi memoria llevar una experiencia bien Argentina. Desde esa temprana mañana de Julio, cuando el aire del “Frío Polar”, que también visitaba Buenos Aires por esos días, me acariciara para darme la bienvenida.

No importa, al menos en el taxi amarillo con techo negro, con su taxímetro corriendo, veía como los primeros rayos del sol hacían su esfuerzo por calentar algo la ciudad.
El camino de Ezeiza a Buenos Aires ciudad capital me abrió los ojos, mi sueño y cansancio por el viaje desaparecía. Llegue al Hotel Marriott Plaza Buenos Aires, ubicado muy cerca al centro de la ciudad. Para eso ya había visto la ancha avenida que recordaba los libros de geografía y turismo: La Avenida 9 de Julio y ese obelisco muy obvio a la vista.

Después de dar mi apellido en la recepción del hotel, el recepcionista tomó mi pasaporte y me dijo “¿Usted es peruano?”. Y le contesté con afirmación. El replicó: “Qué rico se come en Perú…”
Mis gestos de satisfacción por esta respuesta fueron obvios. Me tomé la alabanza a nombre de mas de 28 millones de peruanos y me fui a mi habitación a empezar con mi cámara a tomar fotos de la misma y del hotel que conserva paredes que me hacían recordar la casa de la abuela, con cerámicas y cortinas antiguas, arañas en los pasillos, esa tina que se parecía a la de una tía que vivía en una casona del Rímac y esas grandes ventanas… Sentía que me había subido a una máquina del tiempo y que había viajado 100 años atrás. Cuando bajé al restaurante ese pensamiento cobró fuerza; el ventilador del techo era muy extraño. Pero todo eso se me escapó de la mente cuando me trajeron mi Bife de Chorizo.

Me habían hablado de las carnes y parrillas en Argentina. De todos los días que estuve allí no pude quejarme de un trozo de carne chicloso o poco agradable. Pensé que me cansaría de comer carne, pero no fue así. Igual quise probar otros platillos argentinos.
Mi chola gana de comer arroz fue frustrada porque eso no lo encontré así de fácil, a no ser que lo pidiera como extra. Pero claro, sin ofender, tuve que dejar más de la mitad de la porción de arroz un par de veces, ya que no sabía tan bien. Lo preparan distinto.
Mi trabajo me dejaba ciertas horas de turista por las tardes y fines de semana. La primera noche que llegué, salí a recorrer los alrededores. La plaza San Martín se encuentra al frente de la puerta del hotel y está repleta de árboles de distintos tipos. Con tanto frío, me sorprendió ver una palmera. Di unos pasos y pude observar que la ciudad sufría del mismo mal que Lima, la basura apilada y ciertas personas buscando en ella. Igual estaban más asolapados.
Mientras caminaba observé el nombre de las calles; Arenales, Santa Fe, luego tomé el Subte (subterráneo) y entré a Florida. Así se llama aquella calle por donde no pasan autos y donde la gente camina mismo Jirón de la Unión en Lima. Las tiendas y ambulantes en el centro me recordaba un poco Lima, solo que en Argentina vi más orden. No llevé la cámara aquella vez, pero en mi mente grabé las caras de una pareja que bailaba tango en medio de la calle y recolectaba unos cuantos pesos.
Otras cosas que me llamaron la atención fueron los turistas brasileros y sus reales a la orden del día. Los utilizaban como medio de pago directo a los ambulantes. La camiseta de futbol argentina estaba por todos lados, el olor a cuero cuando entraba a una tienda, los papelitos de “bares especiales” que te entregaban, parrilladas al paso y así se me presentó el dulce de leche de los alfajores de La Havana.
Ya tenia una impresión de lo que visitaría después y hasta dónde podría llegar caminando. Al día siguiente, llegué más lejos y me atreví a esconder mi pesada cámara, llegando casi al final de la calle Florida, descubriendo que a mi costado había unas luces muy notorias. Estaba en la entrada de la Plaza del 25 de Mayo y al fondo se erguía oronda la Casa Rosada.
Los edificios de la Catedral y el mausoleo en el que descansan los restos de San Martín me hicieron recordar al profe de historia. Los manifestantes alrededor se iban a dormir. Tienen una larga protesta pacífica y lo hacen por la guerra de las Malvinas y su impacto económico. Todo esto me hizo regresar un fin de semana para seguir con mi sesión de fotos y para admirar el hermoso paisaje.
Eduardo M. Piscoya
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