Daycare... y no hay otra opción
Dios nos bendijo con tres hijos, dos aún bebes. Es mucho más bonito ver crecer a los hijos juntos. Se comparten muchas cosas entre hermanos, buenos y malos momentos. Vengo de una familia de cuatro hermanos y no fue fácil.

Sin embargo, gracias a la educación que recibimos de nuestros padres y al haber crecido bajo una gran familia de tíos, primos, abuelos, al mejor estilo peruano, la unión y el cariño, la necesidad de compartir, no desaparecerán nunca. Esa es la mejor herencia que se puede recibir. Toca el turno mío y para las generaciones futuras. Pero existe un pequeño inconveniente, ya no estoy en el Perú. Estoy en medio de dos culturas. Y debo admitir que me da temor no tener la certeza de poderlo hacer tan bien como lo hicieron mis padres. Peor aún cuando no cuento con la experiencia que te da el crecer en el mismo ambiente que de alguna forma verán también los hijos.
Primer desafío: El daycare. Desde mi punto de vista, por supuesto. No está mamá, la abuelita, o algún pariente cercano, en quien puedas confiar y compartir la educación de los pequeños. Tenemos que trabajar, y como siempre hay que hacerlo fuerte. En el Perú y en todo el mundo, tiene que ser así. Gracias a Dios, tenemos trabajo, papá y mamá contribuimos con el ingreso familiar. Entonces, ¿quién cuida a los niños?. La respuesta: ¡El daycare!. Como dice mi madre: “Ellos van a ser los hijos del daycare”. Por un lado, de barato no tiene nada, $1.200 al mes por los dos bebes. Pero eso es lo de menos. Siempre supe que tendría que enfrentar las enfermedades de mis hijos tarde o temprano, pero hubiera preferido que fuera más tarde que temprano.
No es fácil ver en un ser tan pequeñito tanto sufrimiento, no pueden respirar bien cuando sufren de un simple resfrío, las fiebres, las infecciones de oídos, esa tos persistente que parece le estuviera destrozando el pecho, vómitos, diarreas todo eso se nos vino de un día a otro y persiste aún desde el primer día que empezaron a recibir cuidados de terceros. La respuesta más triste que oí por parte de una de las cuidadoras al escuchar mis reclamos por tanta enfermedad que cargaban mis hijos fue: ¡así sucede en todos los daycares!. O sea, resígnese nomás.
No puedo negar que están aprendiendo muchas cosas, en especial a interactuar con más niños, evidente con eventuales marcas de mordiscos en los brazos de mis hijos. Todo está tan regulado por el Estado que a veces creo que no les dan la opción de tener sentido común. Estoy de acuerdo con que los niños enfermos se queden en casa, pero no con el maltrato a los padres para hacer cumplir esa regla. No lo queremos aquí porque está enfermo!, me dijeron cuando un día el más chiquitito de la familia contrajo “gracias a ellos” un virus de diarrea altamente contagioso. Yo solo pretendía conversar con la directora para que me explicara qué estaba pasando porque nadie me notificó nunca de esa enfermedad en el plantel. Si su niño no puede hacer todas las actividades que se programan para ellos porque está enfermo, mejor ni lo traiga. Aunque ya esté mejor y consideres que lo que necesita es volver a sus actividades normales pero gradualmente. No se les puede dar cuidados personalizados. Hay una persona por cada 6 ú 8 niños. Entonces nadie puede ayudarte con eso. Tienen que venir con su desayuno. ¿Es acaso fácil darle desayuno a un bebé menor de 2 años a las 6:30 a.m.? Vacaciones 1 semana al año y solo si ya estuvo asistiendo por un año, sino igual paga, a menos que lo retires. O sea, mami, no puedes estar con tus nietos más que una semana al año cuando vienes de visita. Tenemos un programa de feriados que se cumplen. Aunque tengas que trabajar esos días para poder seguir pagándoles. Una joya. La verdad, necesitan practicar un poco más de amor al prójimo. Porque mis hijos asisten a un daycare cristiano. ¿Qué hago entonces?, seguir en el sistema, y ver como mis hijos pierden el idioma, porque por más que les hablo en español y les cuento cuentos en español, entienden, pero me hablan en inglés.
Roxana Sánchez Ingunza, Estados Unidos
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