Uno de los roles del Estado es promover la eficiencia de las relaciones económicas, siendo clave el desarrollo de infraestructuras. En un mundo altamente competitivo donde un país requiere posicionar su nivel de desarrollo y bienestar, no se puede progresar sin infraestructuras de calidad. Esto último, claro, es más fácil decirlo que hacerlo, pues para ello es menester transitar por un conjunto de etapas, que, simplificando, podrían enumerarse en: planificar; cuantificar el valor por dinero; decidir la modalidad contractual; construir; mantener; prevenir, asegurarlo frente a riesgos; reconstruirlas en caso de desastres; y, un largo etcétera. Y para hacer todo esto hay dos pre-requisitos claves: contar con institucionalidad y tener capacidades en el Estado. Siendo abundante la evidencia de que nuestros avances en institucionalidad y capacidades se reducen a las palabras “informalidad” e “ineficiencia”, ¿podemos creer de verdad que con la creación de la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANI) solucionaremos el problema de las infraestructuras en el país?

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