El refrán al que alude el título de esta columna bien se puede aplicar al gobierno del presidente Castillo. Si hiciéramos un recuento de todas aquellas cosas que ha hecho, intentado hacer y omitido desde que llegó al poder hace apenas once meses, se podría afirmar que es una de las gestiones más perjudiciales y dañinas que hemos tenido para la minería, una de las actividades con mayor peso en la economía y la que más aporta a la recaudación de tributos que Estado puede usar luego para atender las necesidades de la población y cerrar las enormes brechas sociales.

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