—”Yo no me llamo Javier” es el primer hito del machirulismo musical que recuerdo. La historia de un hijo no reconocido. ¿Cómo nos reíamos de eso?
—Nos reíamos antes de la misma forma que nos reímos ahora, porque es gracioso. Los Toreros Muertos eran un grupo satírico.
—Pero no solo eran ellos. Era todo. De ahí a “Rastamandita” se dibuja la curva de nuestra educación sentimental, de las primeras enamoraditas al primer divorcio.
—Gran error: no entender que la música es arte escénica, representación. No puedes tomar como veraz lo ficcional, que es el error de Montoya, que cree que el problema moral del país tiene origen en Netflix.
—¿De verdad no crees que haya una pizca de responsabilidad en haber cantado durante 40 años canciones de amor romántico?
—No creo que la haya, como no creo que haber visto Ranma ½ haga que me cambie de sexo al contacto con el agua ni que haber visto El Chavo del 8 me predisponga a darles cocachos a los niños.
—El mundo que propones no existe y es un poco cínico no reconocerlo.
—¿Te estás deconstruyendo?
—Estoy tratando de visibilizar la normalización de machismos y micromachismos.
—¡Duraznito!
—¿No cantaban Los Prisioneros “Necesito una mujer que no llame la atención”?
—¿No era un grupo de izquierdas burlándose de una sociedad oprimida por una dictadura a la que detestaban?
—No importa mucho si eran de izquierdas o de derechas. El machismo no es exclusivo de un bando. Es transversal.
—Me lo dice alguien que celebró su matrimonio cantando “Puto”.
—Y mira cómo acabó…
—No creo que Molotov sea responsable de que le hayas sacado la vuelta a tu mujer. Esa es una forma bien cobarde de no asumir responsabilidad. No es tu nivel.
—Es justamente lo que trato de hacer: asumir responsabilidad.
—Pero lo que propones es absurdo: limitar la expresión artística en pos de un correctismo ¿determinado por quién? ¿Quiénes son y quién eligió a los jueces del buen gusto? ¿Por qué alguien me tiene que ordenar de qué reír y qué puedo escuchar?
—¿Crees que tu consumo musical no estuvo mediado?
—Estás cambiando de tema.
—El tema es el mismo: has normalizado tanto los sesgos intrínsecos a tu consumo cultural que eres incapaz de reconocer que aquello que escuchas y lees también ha sido decidido.
—¿Conspiranoia? ¿Tan pronto en la noche?
—”Veneno en la piel”. ¿Te acuerdas? Radio Futura.
—Gran riff de guitarra.
—¿En serio?
—Me parece una delicadeza en la era de Bad Bunny.
—¿Eso haces para sentirte mejor?
—Esto no trata de mí. Pero, a veces, funciona.