Gladys Pereyra Colchado

Con una manta para el frío, una silla, doble mascarilla y protector facial bien ceñido al rostro, Irma Culqui espera su turno para recibir la segunda dosis de la vacuna en el colegio Estados Unidos de Comas. Tiene 62 años y en la cola hay unas 60 personas que, como ella, tienen una cita para completar la protección contra el virus. “¿Una nueva variante? Sí, escuché por televisión que es más fuerte, yo veo todo igual por acá”, dice. Juana Alejandro y Clara Aguilar, unos pasos detrás, tienen la misma respuesta: saben que hay una variante del COVID-19, pero no han notado cambios. “Me da más miedo la inseguridad”, dice Clara.

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