Airam Galliani y Joaquín de Orbegoso son los protagonistas de esta versión de "En el borde".
Airam Galliani y Joaquín de Orbegoso son los protagonistas de esta versión de "En el borde".
Juan Diego Rodriguez Bazalar

Hasta hace poco, solo como el refugio que bien o mal podía darle vida al sector. Pero hay quienes han decidido aprovechar las plataformas virtuales para jugar, para ver hasta dónde se puede estirar el concepto de teatro; cansados de que el único código que se maneje sea el de una simple videollamada.

Quienes van al frente de esta corriente, por lo menos en el Perú, son el director Mikhail Page y la productora La Ira, con la obra “En el borde”, que se estrenará el viernes 19 de junio. Page no ha querido hacer un texto nuevo pensado para las plataformas virtuales, sino que ha optado por tomar una obra ya escrita y adaptarla. Eligió “En el borde” –escrita por Mariana de Althaus en 1998– y junto con el director de fotografía Julián Estrada, los actores Joaquín de Orbegoso y Airam Galliani, y un switcher para hacer transmisiones en vivo, se está por lanzar a la piscina. El resultado coquetea con el cine, la televisión, mezclando imágenes oníricas con el diálogo teatral, que dan cuenta de las penurias y quejas de dos personajes que están al borde del suicidio, una mezcla que el mismo director ha creído conveniente llamar teatro cinematográfico.

Lo primero que hay que decir es que no estamos descartando hacerlo en vivo, porque queremos conservar la esencia del teatro, que es la simultaneidad. Eso no se ha perdido –cuenta Page–. El tema es que, claramente, estamos usando un medio visual, y si tomamos como ejemplo al cine, vemos como este narra no solo con las actuaciones y la historia misma, sino a través de imágenes que nos transmiten sensaciones, atmósferas, el tono, hasta pensamientos y reflexiones de los personajes. Si reconocemos eso podríamos pensar en utilizar esos recursos de forma similar, porque probablemente mis compañeros que han trasladado sus proyectos a la virtualidad no han sido conscientes de eso. La idea es adoptar el medio que tenemos a la mano, ver las posibilidades que tenemos para contar una historia".

¿Es posible, entonces, eludir las videollamadas?

Eso es lo que queríamos hacer. En algún lado leí que las únicas historias que podríamos contar serían a través de videollamadas, que además son parte de lo que está viviendo la gente, pero creo que no debería ser la única. Estamos tratando de contar una historia sin ese medio, de otra manera, quizás con sensaciones, pensamientos, imágenes, con una nueva cinematografía que puede ser necesaria si es que se le quiere dar una vuelta a una llamada de Zoom. Una película no podría tener solo una cámara fija, a menos que sea un experimento o cuente con una historia y una actuación muy convincentes para que el público observe por mucho rato un mismo plano. Esto se trata de ver las posibilidades que este medio puede ofrecer. Esta vendría a ser una fusión, quizás un poco forzada por la situación entre el cine y el teatro, y hay un mundo por explorar.

Uno de los comentarios que se les hace a las obras virtuales es que mantienen los diálogos teatrales y que estos no son verosímiles en el nuevo formato. Tú decidiste mantener los de la obra original. ¿Por qué?

El lenguaje teatral suele estar lleno de frases o ideas articuladas. Uno tiene que ser consciente de que un escenario invoca más a que el público imagine: la escenografía, que el mismo actor se mueva en el espacio ayuda a entender mejor. En la cámara importa más el gesto, la mirada. La idea es encontrar una fusión entre ambas cosas, darle matices. Hay varios momentos en los que los personajes expresan sus emociones a través del texto de Mariana, que tiene frases y personajes articulados; pero lo que hacemos a veces es mostrar otro plano y no necesariamente al actor hablando, sino una imagen, un recorrido de la cámara que nos transmiten esas sensación, que nos permite proyectar, y que la voz se escuche como la de un narrador. Es como cuando Morgan Freeman empieza a narrar en "Shawshank Redemption", y hay imágenes que lo ayudan. Esa es la cuota del cine.

Cuéntame cómo fue la experiencia de trabajar remotamente con un switcher

En los primeros ensayos, cuando trabajamos solo a través de Zoom, no teníamos aun el switcher, y era complicado porque como todo es en vivo y hay cambios de tomas, no quedaba muy claro cuando Joaquín o Airam tenían que entrar. Pero con el switcher y un programa adicional, le podemos hablar al actor sin que el público se entere.

¿Eso no los acerca más a la televisión?

Sí, como un programa en vivo, solo que en este caso Joaquín y Airam son los camarógrafos y actores. Eso sí, tratamos de no hablarles mucho para no desconcentrarlos de sus emociones y sacarlos del personaje. Pero, más que otra cosa, creo que estamos haciendo lo que podría llamarse una película en vivo que dura 25 minutos. Consideramos que hacerla más larga era más peligroso porque corríamos el riesgo de que se acabara la batería de los celulares o que se vaya la señal. Esta es una prueba para ver si se puede sostener la obra durante ese tiempo. Los próximos proyectos podrían tener mayor duración.

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