
Jaclyn Keely tenía solo 28 años cuando su vida cambió por completo. Era una mujer activa, saludable, corredora aficionada, tecnóloga en anestesia y no fumadora, por lo que asumió que el dolor en el pecho y la falta de aire eran molestias sin importancia. Pero todo tomó un giro dramático cuando, mientras preparaba el desayuno, uno de sus pulmones colapsó repentinamente.
Ese episodio, identificado como un neumotórax espontáneo, la llevó directamente a urgencias. Allí, los médicos detectaron un pequeño nódulo en uno de sus pulmones.
“Debido a mi edad, a mi nivel de actividad y al hecho de que nunca había fumado, me dijeron que no tenía motivos para preocuparme”, recuerda Keely a New York Post. En los años siguientes, ese nódulo se mantuvo sin cambios… hasta el otoño pasado.
Fue entonces cuando su neumólogo, casi por intuición, decidió hacer una biopsia. El resultado: adenocarcinoma mucinoso en etapa 1, un tipo poco común de cáncer que puede atacar incluso a los pulmones más jóvenes y saludables.
Keely tenía 29 años y, de pronto, se enfrentaba a una cirugía pulmonar y una recuperación desafiante. Pero hubo algo que hizo toda la diferencia.

Keely había comenzado a correr en noviembre de 2023, casi un año antes de su diagnóstico. “Suena un poco gracioso, pero me desperté una mañana y decidí que iba a correr un maratón, y eso fue todo”, cuenta.
Esa decisión, aparentemente espontánea, fue clave. Correr con regularidad y escuchar a su cuerpo no solo mejoró su capacidad física, sino que también la ayudó a detectar cuando algo no estaba bien.
El segundo hábito que marcó su camino fue haber evitado siempre el cigarrillo. Aunque el cáncer de pulmón afecta cada vez más a personas no fumadoras, no haber fumado le dio a su cuerpo una base más fuerte para enfrentar la cirugía y la recuperación.
“No hubo síntomas, lo cual es un poco alarmante”, admite Keely. Ya había sufrido colapsos pulmonares antes, pero nada que la preparara para un diagnóstico así.

Le extirparon el lóbulo inferior del pulmón izquierdo en octubre. Dos o tres semanas después, Keely ya estaba saliendo a trotar. Su primera carrera fue corta: unos 300 metros. Pero con paciencia, caminatas diarias y constancia, fue recuperando el aliento, la fuerza y la confianza. Hoy, su capacidad pulmonar es casi normal.
Ahora, Keely se prepara para cruzar nuevamente la meta en la media maratón RBC Brooklyn. “Sólo quiero cruzar la línea de meta con una sonrisa”, dijo.
Más allá del logro deportivo, su historia es un recordatorio poderoso: no hay que esperar síntomas para hacerse chequeos, y moverse puede cambiarlo todo.
“Cualquier persona con pulmones puede desarrollar cáncer de pulmón”, dice Keely. “Nunca pensé que esto me pasaría a mí… sobre todo siendo tan joven”, concluyó.












