El misterioso objeto interestelar 3I/ATLAS sigue desconcertando a los astrónomos. (Imagen referencial creada por El Comercio MAG usando la IA de "Perplexity")
El misterioso objeto interestelar 3I/ATLAS sigue desconcertando a los astrónomos. (Imagen referencial creada por El Comercio MAG usando la IA de "Perplexity")

El sigue causando debate entre expertos y aficionados a la astronomía. Desde su detección en julio, desató teorías que van desde lo puramente científico hasta lo más especulativo. Y es que lo que parecía ser un simple cometa se convirtió en un enigma que plantea más preguntas que respuestas, especialmente después de que enviara .

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Mientras algunos sostienen que podría tratarse de un objeto artificial o inteligente, la comunidad científica mantiene una posición más prudente. Los expertos insisten en basarse solamente en la evidencia, aunque reconocen que el estudio de este visitante interestelar resulta complejo debido a la distancia y a las limitaciones de observación, incluso con telescopios tan avanzados.

Ahora, un nuevo estudio publicado en la plataforma se sumó a la discusión, sugiriendo que el cometa podría estar absorbiendo rayos cósmicos, un proceso que, lejos de ser una buena noticia, complica su análisis y limita lo que podemos aprender de él.

Un estudio indica que su superficie fue “cocinada” por rayos cósmicos, creando una capa que oculta su material original. (Imagen referencial creada por El Comercio MAG usando la IA de "Perplexity")
Un estudio indica que su superficie fue “cocinada” por rayos cósmicos, creando una capa que oculta su material original. (Imagen referencial creada por El Comercio MAG usando la IA de "Perplexity")

El 3I/ATLAS es el tercer objeto conocido que llega desde fuera de nuestro Sistema Solar. Su composición química es muy distinta a la de los cometas locales: contiene una proporción inusualmente alta de dióxido de carbono (CO₂) en comparación con el agua presente en su interior. Esa característica lo convierte en un cuerpo extraño y difícil de clasificar.

El problema, según el estudio, es que el cometa habría sido bombardeado durante miles de millones de años por rayos cósmicos galácticos. Este constante impacto habría transformado su superficie, “cocinando” el monóxido de carbono original y convirtiéndolo en dióxido de carbono.

Como resultado, el cuerpo celeste que se encuentra de visita en nuestro vecindario cósmico sería una capa exterior procesada y rica en compuestos orgánicos, una especie de costra que oculta su verdadera naturaleza.

Aunque su análisis podría revelar cómo afectan los viajes interestelares a los cuerpos celestes, parece que los secretos de su origen seguirán siendo un misterio. (Foto: R. Naves Observatory)
Aunque su análisis podría revelar cómo afectan los viajes interestelares a los cuerpos celestes, parece que los secretos de su origen seguirán siendo un misterio. (Foto: R. Naves Observatory)

Para los astrónomos, esto representa una decepción, pues se esperaba que los objetos interestelares fueran “cápsulas del tiempo” intactas que conservaran los materiales primordiales de otros sistemas estelares.

Sin embargo, si la hipótesis es cierta, lo que estamos observando no es el material original del cometa, sino una superficie alterada por millones de años de radiación.

En otras palabras, el 3I/ATLAS podría ofrecer información valiosa sobre los efectos del viaje interestelar, pero no sobre el origen mismo de los cuerpos que viajan entre las estrellas.

Aunque futuras observaciones podrían aportar más información, todo indica que este visitante oculta sus secretos bajo una capa que probablemente nunca logremos descubrir.

¿Por qué se dice que el objeto interestelar 3I/ATLAS podría ser “mucho más” que un simple cometa?

El cometa 3I/ATLAS es objeto de especulación debido a una serie de características altamente inusuales que desafían las explicaciones convencionales.

En primer lugar, es un objeto interestelar, el tercero conocido, lo que significa que se originó fuera de nuestro Sistema Solar y está de paso. Sus anomalías incluyen una aceleración no gravitacional excepcionalmente grande que no puede justificarse completamente por la desgasificación normal del hielo (el “efecto cohete”), lo que requeriría una pérdida de masa inverosímil.

Los datos muestran que el 3I/ATLAS está expulsando enormes chorros de material que superan en potencia al viento solar en un millón de veces. Además, estos se dirigen tanto en dirección al Sol como en sentido contrario. (Foto: Frank Niebling y Michael Buechner)
Los datos muestran que el 3I/ATLAS está expulsando enormes chorros de material que superan en potencia al viento solar en un millón de veces. Además, estos se dirigen tanto en dirección al Sol como en sentido contrario. (Foto: Frank Niebling y Michael Buechner)

Además, su composición química es atípica, mostrando niveles inusuales de dióxido de carbono y níquel frente a otros elementos, sugiriendo que se formó en un entorno químico muy distinto y con una antigüedad estimada de hasta 7000 millones de años o más, siendo más viejo que el propio Sistema Solar.

Todo lo anterior, sumado a su inusual impulso extra, la ausencia de una gran nube de gas que justifique la aceleración, o el chorro de material (anticola) apuntando hacia el Sol, llevaron a algunos científicos, como el astrofísico Avi Loeb, a considerar hipótesis más especulativas, planteando que estaríamos ante una estructura de origen artificial o tecnológico, como una “nave nodriza” o algún tipo de sonda. Esto ha sido descartado por la mayoría de expertos, quienes consideran el suceso como algo natural, aunque bastante extraño.

¿Por qué se llama 3I/ATLAS?

El nombre del cometa interestelar 3I/ATLAS se compone de una designación científica que indica su origen y su descubridor. La parte “3I” significa que es el tercer objeto interestelar conocido que ha sido observado pasando a través de nuestro sistema solar. La letra “I” es la abreviatura de “interestelar,” indicando que el objeto proviene de fuera de los límites de nuestro sistema solar.

La segunda parte del nombre, “ATLAS”, corresponde al equipo o sistema que lo descubrió: el Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System (Sistema de Última Alerta de Impacto Terrestre de Asteroides). Este sistema de sondeo, financiado por la NASA y operado por la Universidad de Hawái, fue el primero en reportar su descubrimiento el 1 de julio de 2025 desde su estación en Chile.

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