
El cometa interestelar 3I/ATLAS vuelve a aportar información importante, pero esta vez el hallazgo no está relacionado con su órbita ni con los materiales que lo componen. La atención de los científicos se centró en su núcleo, específicamente en la forma en que gira sobre sí mismo, un dato que hasta ahora había sido muy difícil de obtener de manera directa.
Tras varias semanas de seguimiento continuo, un grupo de astrónomos logró observar un detalle clave desde el Observatorio del Teide. En lugar de enfocarse únicamente en la cola de polvo, que siempre se extiende en dirección opuesta al Sol, detectaron un chorro fino de gas y partículas que surgía desde una zona iluminada del núcleo del cometa.
Ese chorro resultó ser la pieza central del descubrimiento. Lejos de mantenerse fijo, cambiaba su orientación de forma periódica. Ese movimiento repetitivo, registrado noche tras noche, permitió identificar una señal clara: el núcleo del cometa estaba rotando, mientras que el chorro funcionaba como un indicador visible de ese giro, similar al haz de luz de una linterna que se mueve al rotar.

Al analizar cómo variaba la posición del chorro a lo largo del tiempo, los investigadores pudieron calcular el período de rotación del núcleo. Los resultados indican que 3I/ATLAS tarda entre 14 y 17 horas en completar una vuelta. La diferencia entre esos valores se explica por cambios en la intensidad del chorro y por la posición relativa del cometa respecto del Sol y la Tierra.
Lo más llamativo es que este ritmo de rotación no es extraño. Coincide con el de muchos cometas conocidos del Sistema Solar y no muestra signos de un comportamiento extremo o inestable. Esto sugiere que, al menos en su dinámica interna, 3I/ATLAS se comporta de una manera sorprendentemente familiar.
Conocer cómo gira un cometa es mucho más que un dato técnico. La velocidad de rotación influye en cómo se calienta su superficie, qué zonas se activan al liberar gas, cómo se distribuyen las tensiones internas y qué tan probable es que el núcleo se fracture o se degrade con el tiempo. En los cometas cercanos, esta información es clave para entender su evolución.

Hasta ahora, en los objetos interestelares solo se podían hacer estimaciones indirectas sobre estos procesos. En el caso de 3I/ATLAS, el chorro activo permitió una medición directa, abriendo una nueva ventana para estudiar su interior.
El cometa interestelar 3I/ATLAS, detectado el 1 de julio de 2025 por el sistema ATLAS, generó un interés sin precedentes en la comunidad científica y refuerza la idea de que, pese a venir de otro sistema estelar, muchos de sus procesos físicos no son tan distintos de los que ya conocemos.
Qué sigue para el cometa 3I/ATLAS tras acercarse a la Tierra
Tras su acercamiento a la Tierra el 19 de diciembre, el cometa 3I/ATLAS continúa su recorrido por el sistema solar. En ese momento se encontraba a una distancia muy grande de nuestro planeta, por lo que no representó ningún peligro. Los científicos aprovecharon esa cercanía relativa para observarlo con telescopios y recopilar más datos sobre su composición y comportamiento.
Luego de pasar cerca de la Tierra, 3I/ATLAS se está alejando gradualmente del Sol. A medida que se enfría, su actividad disminuirá: liberará menos gas y su brillo se irá apagando. Esto es normal en los cometas, que suelen ser más activos cuando están cerca del Sol y pierden energía al alejarse.

El siguiente punto clave en su trayectoria será su aproximación a Júpiter, prevista para marzo de 2026. La enorme gravedad del planeta gigante podría alterar ligeramente su camino, algo que los astrónomos seguirán con atención. Estas interacciones ayudan a entender mejor cómo se mueven los objetos que llegan desde fuera del sistema solar.
Finalmente, el cometa continuará su viaje hacia el espacio profundo y probablemente no volverá a acercarse a la Tierra. Aun así, los datos recogidos durante este periodo seguirán siendo analizados durante años, ya que 3I/ATLAS es un objeto poco común y ofrece pistas valiosas sobre lo que ocurre más allá de nuestro sistema solar.
Por qué el acercamiento del 3I/ATLAS a Júpiter es clave
El acercamiento de la misión 3I/ATLAS a Júpiter es fundamental porque permitirá realizar un mapeo sin precedentes del objeto.
Al posicionarse en una órbita tan próxima, los instrumentos de la sonda podrán captar datos de alta resolución sobre la composición química de las nubes y las intensas tormentas del planeta. Esta proximidad es clave para descifrar cómo se transfieren las enormes cantidades de energía en un entorno de radiación tan extremo, lo cual no es posible lograr desde telescopios terrestres o sondas más lejanas.
Además, este encuentro es vital para estudiar las interacciones gravitatorias y electromagnéticas entre Júpiter y sus lunas galileanas. La recolección de datos sobre el campo magnético permitirá a los científicos entender mejor el núcleo del planeta y los procesos de formación de los sistemas planetarios en todo el universo.
En última instancia, el éxito de este acercamiento proporcionará la base científica necesaria para futuras misiones de exploración que busquen rastros de habitabilidad en lunas como Europa o Ganímedes.
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