
Mientras la migración irregular continúa marcando la agenda hemisférica, al menos 2,181 nicaragüenses han sido deportados desde Estados Unidos en los primeros seis meses del año, en una serie de vuelos que han pasado casi desapercibidos. Un portavoz del Departamento de Estado confirmó las cifras a medios del exilio nicaragüense, sin que el régimen de Daniel Ortega haya emitido declaración alguna al respecto.
LAS DEPORTACIONES SE HAN REALIZADO EN SILENCIO
Estos retornos se han ejecutado a través de 19 vuelos, uno de ellos a bordo de una aeronave militar estadounidense C-17, utilizada para transportar al último grupo de 45 personas que aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Managua. Todos los vuelos se han realizado en completo silencio institucional: sin cobertura en medios estatales, sin comunicados oficiales, y bajo un clima de discreción que contrasta con la magnitud del fenómeno.

Desde sus redes sociales, la Embajada de Estados Unidos en Managua ha intensificado su mensaje de advertencia. “Si intentas cruzar ilegalmente, serás detenido y expulsado”, señaló, reforzando la política de tolerancia cero en materia migratoria. La legación también ha promovido el uso de CBP One, una aplicación para gestionar citas migratorias de manera regular, como vía alternativa para evitar arrestos y deportaciones.
En paralelo, el mensaje de Washington ha sido directo: usar la vía legal no solo reduce el riesgo inmediato de detención, sino que también aumenta las posibilidades de regresar legalmente en el futuro. “Informe a sus amigos y familiares”, exhortó la embajada, en un intento por detener la ola migratoria que no cesa, pese a los peligros y a las nuevas restricciones impuestas por tribunales y agencias migratorias.

LA RESPUESTA DEL GOBIERNO DE NICARAGUA NO TARDÓ EN LLEGAR
En un acto oficial con altos mandos del Ejército el pasado 2 de junio, el presidente Daniel Ortega lanzó una dura crítica al gobierno de Estados Unidos. Comparó las actuales redadas migratorias con las persecuciones nazis contra los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, lo que encendió aún más las tensiones diplomáticas.
“Esto es como las persecuciones que hacían los nazis buscando cómo cazar a los israelitas”, declaró Ortega ante las cámaras oficiales. Además, calificó de “fascista, brutal e inhumana” la política migratoria que, según él, está siendo liderada por la administración de Donald Trump, aunque el fallo sobre las últimas restricciones fue avalado por el Tribunal Supremo de EE. UU., y no por la Casa Blanca actual.
Pese a sus palabras, Ortega aseguró que Nicaragua “recibe con los brazos abiertos” a los ciudadanos deportados y que se les brinda atención médica a su llegada. No obstante, la falta de información oficial sobre estos vuelos, así como la nula cobertura mediática nacional, contradicen esa imagen de hospitalidad. El hermetismo sugiere más un esfuerzo por silenciar el problema que por solucionarlo.
La cancelación del programa de parole humanitario —que ofrecía ingreso temporal a migrantes de Nicaragua, Cuba, Venezuela y Haití— también fue duramente criticada por el mandatario sandinista. Más de 500,000 personas se beneficiaron del mecanismo antes de que el Tribunal Supremo fallara a favor de su suspensión, sellando así uno de los capítulos más severos de la actual política migratoria estadounidense.
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