Milagros Asto Sánchez

Mientras alistaba a sus hijos en su casa de la ciudad israelí de Kfar Yona, a María Venero Farkash le resultaba difícil asegurar en quién había más felicidad, si en los tres pequeños que se preparaban con entusiasmo para iniciar el año escolar de forma presencial o en ella misma, que había esperado la llegada del 1 de setiembre con igual intensidad. Es un consenso: en medio de una pandemia que nos ha confinado y aislado, el retorno a clases se ha convertido en una de esas fechas que se anhelan más que los cumpleaños, aunque pocos países, entre ellos Israel, pueden llevarlo a la práctica con cierta tranquilidad.

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