Norma Flores, de 54 años, posa para un retrato en su casa en Henderson, Nevada. (AP/Wong Maye-E).
Norma Flores, de 54 años, posa para un retrato en su casa en Henderson, Nevada. (AP/Wong Maye-E).
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Durante décadas, los vecindarios de la clase trabajadora de atrajeron a los inmigrantes. Acogidos por una ciudad en constante crecimiento con un apetito aparentemente interminable, cambiaron la faz de “La Ciudad del Pecado”. Pese a todo la economía del lugar quedó destrozada por la pandemia en un batallando con los estragos que el deja a su paso.

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Norma Flores, de 54 años, no ha trabajado desde marzo, cuando cerraron los casinos de Nevada. Ella recibe 322 dólares semanales por desempleo, pero está ayudando a mantener a un hijo, una hija y seis nietos que se mudaron con ella al desplomarse la economía del estado.

La vida de Norma se ha vuelto una batalla con las matemáticas de las finanzas personales, debido a que paga 830 dólares de alquiler y gasolina para transportar sus compras lo que hace que no le alcance cheque que le entregan semanalmente.

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Hace 30 años, Flores dejó un trabajo en una fábrica en México para seguir a su entonces esposo a Estados Unidos. Encontró trabajo en el casino Henderson, primero como camarera en un café y más tarde en un restaurante de buffet. Luego tuvieron seis hijos.

El matrimonio se desplomó y ella compró una casa, pero la perdió cuando no pudo pagar la hipoteca.

En marzo, con el estallido de la pandemia, fue dejada de licencia sin sueldo. En mayo fue despedida.

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No se suponía que las cosas fueran así

Vine aquí para conquistar Estados Unidos, para decir ‘este es el lugar donde quiero estar, donde construiré mi imperio’”, dice Flores.

En este momento, su imperio es una casa de bloques de hormigón en la que viven seis nietos, la mayoría de ellos tomando clases en línea.

Norma asegura que ser un inmigrante en Las Vegas es ver la economía del coronavirus en su peor momento.

Los visitantes se desplomaron en más del 90% en medio de los cierres por coronavirus en Estados Unidos. El desempleo del estado se disparó al 28%, el peor de toda la nación.

En todo Estados Unidos los trabajadores inmigrantes sufrieron desproporcionadamente más después de la llegada del COVID-19. Pero su enorme presencia en la industria hotelera de Las Vegas, donde forman la columna vertebral de la clase trabajadora de innumerables hoteles, casinos y restaurantes, significó un tipo especial de devastación.

Flores dice que a menudo se queda despierta por la noche, preocupada por no tener dinero para la comida, el alquiler y la gasolina. Al igual que millones de personas en Estados Unidos, las prestaciones que recibe del gobierno por desempleo se agotarán el día después de Navidad. Está aterrorizada de que su familia pueda terminar sin hogar.

“Tengo miedo de despertarme mañana y no comer nada”, dice Norma con preocupación.

Las cosas están mejorando un poco en Las Vegas ahora. Los casinos fueron autorizados a reabrir en junio. E número de visitantes llegó a casi 1,9 millones en octubre, mucho más que en abril, pero aun así es 49% de un año atrás.

Sin embargo, la tasa local de desempleo en septiembre seguía en 14,8%, casi el doble del promedio nacional.

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