Por Roger Zuzunaga Ruiz

En cuestión de semanas, Tracy McCann, de 39 años, notó con horror cómo los moretones que estaba acostumbrada a ver en sus brazos por inyectarse fentanilo comenzaron a endurecerse hasta convertirse en una armadura de tejido negro y costroso. Se despertaba con dolores insoportables. Cambió de suministradores de la droga pero eso no le ayudó. “Me despertaba llorando por la mañana porque mis brazos se estaban muriendo”, dice. Lo anterior es un testimonio impactante que apareció en un reportaje del diario The New York Times sobre una nueva droga que pone en alerta a Estados Unidos: el tranq.

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