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Martín y Keiko, la próxima inviten, por Fernando Vivas

“¿[Vizcarra] ha visitado su casa o conoce a Antonio Camayo?”

Fernando Vivas Periodista

Vizcarra/Keiko

“Caray, líderes de barro que se ponen a pelear cuando todo llama a conciliar”. (Fotos: El Comercio)

No es hora de meter carbón, sino de llegar al fondo para encontrar un nuevo punto de equilibrio. Por fin explotó –gracias a la pica de Keiko– el secretismo vizcarrista. El miedo provinciano del presidente al ‘qué dirán’ antifujimorista limeño lo hizo mentir sobre sus encuentros con Keiko. Es mi hipótesis de cronista que, cuando trato de indagar por la génesis de los designios políticos vizcarristas, me estrello con la opacidad. (Por cierto, sorry Juan Carlos Tafur, por no seguir la pista cuando revelaste una de las citas).

¡Ay, Vizcarra, cuántas dudas nos abre! Esto no es Chinchero, donde PPK hizo designios por encima suyo; esto es su gobierno y no puede guardárselo todo. Tiene que ser veraz para salir de esta crisis. En primer lugar, le hago una pregunta que se cae de madura: ¿Tiene algún grado de amistad, ha visitado su casa o conoce a Antonio Camayo? La naturalidad con la que lo asocian con él, gente que ignoraba que estaba siendo grabada en un operativo legal, hace pensar que lo conoce. Hasta hoy no ha sido tajante y explícito al abordar el tema, de modo que lo puede confesar sin quedar como otra mentira.

Tenemos que aquilatar la moral del hombre que sucedió a un PPK moralmente descalificado y que ha asumido el liderazgo de la lucha anticorrupción. Si lo de Camayo es cierto, pero viene de su boca y queda en temeraria socialización de político con un correveidile; perderá unos puntos, pero conservará la iniciativa y algo de la credibilidad en merma.

A Keiko no se la debe criticar por decir la verdad. Sí, por su pésimo mensaje de dar un ok desganado al referéndum y plantear otras prioridades al presidente. Quedó como una declaración de boicot a las reformas. Se hizo un autogol, y en lugar de un mea culpa, decidió jalarle las patas a ese gobierno que, ciertamente, estaba aprovechando la súbita popularidad, no para ganar consensos, sino para golpear al adversario.

Caray, líderes de barro que se ponen a pelear cuando todo llama a conciliar. En medio de campañas electorales donde cada región, provincia y distrito se juega su destino, en medio de una ola anticorrupción y de reformas impostergables, este par de peleones nos está dando un espectáculo penoso. Ayer el presidente, en Tacna, invocó a Grau y Bolognesi para decir, “no me van a doblegar”. El único doblegamiento que hace falta es muy ligero, de cerviz, para decir con quiénes conversó y sobre qué; y luego volver a levantar la cabeza, con dignidad y sin que se le vayan las riendas de la situación.

El enfrentamiento con Fuerza Popular se tiene que dar en función de las reformas que esta quiera aprobar o boicotear, no del secretismo de reuniones a espaldas del país. Reúnanse otra vez, pero inviten a la prensa.

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