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Martín, dale una manito a César, por Fernando Vivas

“La PCM no tiene ni función, ni imagen distinguible, ni siquiera sede propia”.

Fernando Vivas Periodista

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"Puede ser que nuestra política está ‘karmeada’ y solo se salva la fe en que los presidentes arrancan a gobernar con buenas intenciones. Luego, a darles con palo". (Foto: Presidencia de la República)

Presidencia de la República

Martín pasó con 11,5 (57% de aprobación según El Comercio-Ipsos, siendo 50% equivalente de un rojo 10). Está bien, porque el Perú jala a todos. Al primer ministro César Villanueva, por ejemplo, la gente lo ha jalado con 06 (equivalente al 31% en esta escala malvada). 

Puede ser que nuestra política esté ‘karmeada’ y solo se salva la fe en que los presidentes arrancan a gobernar con buenas intenciones. Luego, a darles con palo. De todos modos, la encuesta sí evalúa los primeros pasos y creo que estos han contribuido a la tímida aprobación: visitas a colegios, hospitales y a un incendio “dantesco” y “de proporciones” (coleguitas dixit) han devuelto a la institución presidencial la empatía que se perdió con PPK. La comparación con su predecesor favorece especialmente a Vizcarra: provinciano, de pinta austera, habitante de un Palacio venido a menos cuando PPK decidió gobernar desde su casa de San Isidro.  

La aprobación de Vizcarra es, en alguna forma, una recuperación de la institución presidencial. Esto se verá reforzado si se concreta una idea del presidente que me contaron: popularizar las visitas del público a Palacio, hoy limitadas a un solo día y con reserva previa. 

Pero Villanueva no ha ganado nada con estos primeros gestos ‘vizcarrianos’. Para la ciudadanía, la PCM no tiene ni función, ni imagen distinguible, ni siquiera tiene sede propia, pues habita un área de Palacio. Tras el gobierno de García y la mudanza de la PCM desde Miraflores al Centro, el cargo perdió prestancia ante las veleidades de los Humala y de PPK. La desaprobación (29%) y desafección (40% no sabe/ no opina) hacia Villanueva es el resultado histórico de este maltrato presidencialista a la institución de la PCM. 

Por supuesto, el propio César tiene responsabilidades en su palidez. Pecó de falsa modestia al decir que no quería el cargo, no ha posicionado aún lemas ni prioridades claras, ha lanzado frases hechas sobre ministros que peinarán el país (los gabinetes anteriores han tenido similares consignas, eh). A riesgo de hacer una anotación frívola, añado algo por lo que me temo se le va a discriminar: la edad (71), tras la debacle del adulto mayor PPK, no es percibida como sabiduría para gobernar. 

Pero el propio César también tiene fortalezas: concertador puesto a prueba en la vacancia, gestor de una región (San Martín) que vio oportunidades en lugar de lacras, perfil político centrista. Ahora tiene una gran oportunidad: ser quien formule, el 2 de mayo al pedir el voto de confianza al Congreso, las tesis centrales de lo que Vizcarra llamó “el pacto social”. El presidente bien haría en ayudarlo a recuperar el prestigio de la PCM y, de paso, levantar su magra aprobación.

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