Dina hereje

No es claro en qué momento la señora Boluarte dejó de pensar como Pedro Castillo y sus secuaces.

    Mario Ghibellini
    Por

    Periodista

    “Llevados por la necesidad, muchos actúan ahora como si la señora Boluarte se hubiese convertido hace tiempo en una hereje de la cruzada con uña que acaudillaba hasta esta semana el profesor Castillo”. (Ilustración: Daniel Yucra).
    “Llevados por la necesidad, muchos actúan ahora como si la señora Boluarte se hubiese convertido hace tiempo en una hereje de la cruzada con uña que acaudillaba hasta esta semana el profesor Castillo”. (Ilustración: Daniel Yucra).

    Saltar de un barco a tiempo puede evitarle a alguien ser arrastrado en su hundimiento, pero no borra su nombre de la lista de tripulantes. Sobre todo, si integraba el cuerpo de oficiales al mando de la nave y acompañó largamente el talante pirata que primó en su piloteo. Para cualquier persona atenta a lo que venía sucediendo en el país, es evidente que las renuncias de los secuaces con fajín de Pedro Castillo tras el mensaje del golpe fueron solo lances despatarrados desde la borda de un bajel condenado.

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