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Gastón Acurio y un Consejo de Ministros totalmente diferente

Gastón Acurio reunió a líderes políticos y productores para responder si la gastronomía puede combatir la pobreza

Con el mandil de cocinero colgado del cuello y la actitud de quien hace política desde la gastronomía, así nos recibe Gastón Acurio en uno de sus restaurantes. Es domingo al mediodía y una lista de importantes invitados (y nosotros como polizones autorizados) está por llegar. Antes de pasar a la mesa, Gastón explica por qué organizó este encuentro. 

“La gente cree que la gastronomía ha logrado todo y en realidad no ha logrado nada”, aclara. Acurio piensa que la cocina peruana ya inició un camino irreversible, que se han abierto mercados y que se ha logrado promover una identidad. Pero la “gran batalla” que ahora debemos librar, dice, es lograr que la gastronomía sea un medio para combatir la pobreza. Gastón busca llevar el mercado a los más pobres. No solo ese mercado donde se vende cebolla, ají y olluco, sino el que se rige por la ley de oferta y demanda. 

Los invitados comienzan a llegar, algunos entre patrulleros y motos. Son los principales funcionarios del Estado, hoy invitados a la mesa.

–Mapa gastronómico–
Unas de las primeras en llegar es Vanesa García. Ella tiene, cerca de Santa Rosa de Quives, una granja de cuyes que empezó a criar en el 2005. También llega José Carlos Zapata, pescador de la Asociación Las Brisas de Ilo. Él coge peces con cordel y mariscos buceando a pulmón. Ellos se encontrarán en el restaurante con representantes de la cocina arequipeña, así como productores de papas, frutas y cacao de varias regiones. 

Casi al mismo tiempo aparece Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), de paso por Lima. Le siguen, puntuales, el ministro de Agricultura, José Manuel Hernández; el de Producción, Bruno Giuffra; y la congresista y segunda vicepresidenta de la República, Mercedes Aráoz. Mientras empiezan a circular piqueos y bebidas, llega el primer ministro, Fernando Zavala, junto al ministro de Educación, Jaime Saavedra. 

–Comer y llevar–
La carta incluye una degustación de seis platos, además de una canasta de panes y dos postres. Servirán mero, cuy, trucha, erizo, papas, cebiches, anticuchos, camarones y postres con chocolate peruano, además de gin amazónico, piscos y vinos locales. 

Con cada plato hay una historia. La primera es de Xiomara Vera, alumna de primaria en un colegio estatal en el Cerro San Cosme. Ella cuenta emocionada cómo en su escuela rescataron una zona que se utilizaba para desperdicios, y montaron allí un biohuerto. El ministro Saavedra escucha atento y toma notas. 

Es el turno ahora de los pescadores, que narran cómo envían su pescado a los restaurantes y lo difícil que resulta lidiar con intermediarios e ilegales. El ministro Giuffra se acuerda de su faceta de entrevistador en televisión y no deja de preguntar. Intervienen los representantes de la comida arequipeña, preocupados por el futuro del camarón, y así, plato a plato, avanza la tarde entre historias y pedidos para tener un Estado más razonable con los requisitos que exige a los pequeños productores. Las autoridades comen, escuchan y preguntan. En este país muchas decisiones se toman sobre una mesa de comida.

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