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El drama de ser mamá a los quince años [VIDEO y PODCAST]

educación sexual

Karla y Sara son gemelas y son madres desde los 15 años. Están en quinto de secundaria y viven en Nauta, Loreto. (Fotos: Carlos Hidalgo/ El Comercio)


Karla y Sara


"Me levanto a las 6, le doy de lactar, me lavo la cara, me cepillo los dientes para poder ir al colegio". Esta es la rutina diaria de una adolescente que recién dejó de ser niña y ahora es mamá. Tiene 16 años y quiere que la llamemos Karla. 

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Karla cuenta con el apoyo de su mamá para poder criar a su bebé. (Fotos: Carlos Hidalgo/ El Comercio)

Perdió la virginidad a los 14 años y salió embarazada a los 15. Lo más difícil de su embarazo, dice, fue contarles a sus papás luego de que su abuela descubriera que tenía cinco meses de gestación.

"Se enteró porque la panza de mi hermana se notaba más, por eso se enteraron de que estábamos embarazadas", cuenta Karla.

Karla y su hermana Sara son gemelas, van al mismo colegio, y desde hace más de un año también comparten una misma responsabilidad: ser madres.


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Las gemelas viven junto a sus cinco hermanos y sus papás en una pequeña casa en el rincón más pobre del distrito de Nauta, en medio de la selva de Loreto. Su papá trabaja en la chacra y su mamá se encarga de cuidar a los más pequeños para que ellas puedan seguir estudiando.

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Las gemelas salieron embarazadas casi de manera simultánea, Viven con sus hijos, sus 5 hermanos y sus papás. (Fotos: Carlos Hidalgo/ El Comercio)

En esta zona de Loreto las casas de madera flotan sobre agua estancada. Quienes viven ahí han aprendido a sortear las viejas maderas que dan salida a la calle.

Para llegar a Nauta, se pueden tomar canoas que navegan por cinco horas el río Marañón. Este puerto es utilizado para transportar alimentos y es uno de los ejes comerciales más importantes de la zona.

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Para llegar a Nauta se pueden tomar pequeñas canoas. (Fotos: Carlos Hidalgo/ El Comercio)

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Esta zona es comercial, la gente transporta alimentos y electrodomésticos.(Fotos: Carlos Hidalgo/ El Comercio)

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 Esta zona es comercial, la gente transporta alimentos y electrodomésticos. (Foto: Lourdes Fernández)

La casa de las gemelas se puede recorrer en diez pasos. Al lado de una olla apoyada sobre ladrillos, hay una pequeña mesa. Ese es el espacio para la cocina. En el único cuarto de la casa solo hay una cama con un colchón viejo. En la esquina, hay una ventana con un balde. Es el baño.

En el rincón donde duermen Karla y Sara no hay ningún rastro de que ahí vive una adolescente. Del techo cuelgan cuerdas que hacen de tendedero de ropa y de sostén para las hamacas en donde descansa el resto de la familia. No hay agua, ni desagüe pero sí electricidad gracias a un motor que se instaló al lado del río. Todos los días deben comprar agua potable.

Los niños parecen no estar bien alimentados. Lucen más delgados y pequeños que los de su edad. Las dos tuvieron que encontrar la manera de adaptar a sus vidas de escolares, la rutina de ser mamás.

"Pedía justificaciones, 15 días de permiso para descansar, después de los 15 días me fui al colegio nuevamente. Salía del colegio, me iba a pedir a la profesora permiso para venir a darle de lactar al bebé. Después me iba otra vez. En el recreo venía para dar de mamar y luego volvía al colegio", narra Karla.

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Karla tiene una bebé y su hermana un niño. Ella dice que tenía miedo contarle de su embarazo a su mamá.(Fotos: Carlos Hidalgo/ El Comercio)

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Esta es la rutina diaria: darle de lactar al bebé antes de ir al colegio. (Foto: Lourdes Fernández)

Tanto ella como su hermana, son conscientes de que sin la ayuda de su mamá no habrían logrado llegar a quinto de secundaria y tener la posibilidad de ser profesionales.

"Doy gracias a mi mamá, ella nos apoya de hecho, hace todo lo posible para que nosotras podamos seguir estudiando", afirma Sara mientras carga a su bebé que no deja de sonreír. Lleva un vestido rosado y está descalza. Sara le da de lactar y la mece en la hamaca para que duerma. Luego, se va al colegio junto a su hermana.

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Las gemelas son mamás pero siguen siendo niñas. (Fotos: Carlos Hidalgo/ El Comercio)

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 De regreso al colegio, las gemelas juegan con las maderas sin temor. (Fotos: Carlos Hidalgo/ El Comercio)

Los números

En el mundo cada año quedan embarazadas aproximadamente 16 millones de adolescentes de 15 a 19 años, según cifras de la OPS. En el Perú, el 14.4% de las mujeres de esa edad son madres. La mayoría de ellas vive en áreas rurales, como Nauta. La reducción ha sido mínima en los últimos 20 años.

Si le hacemos un zoom a los números, veremos que la selva tiene las regiones con las tasas más altas de adolescentes embarazadas. La primera de ellas es Loreto, en donde tres de cada diez adolescentes terminan embarazadas. 

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(Infografía: Pedro Beltrán / El Comercio)

La cifra preocupa porque hablamos de niñas que no han terminado de crecer. El director regional de Salud de Loreto, Segundo Pinillos Reyes, explica qué pasa con ellas cuando salen embarazadas.

"El cuerpo de una adolescente no está preparado para gestar, se altera hormonalmente todo, se adelanta etapas porque en algunas es la primera menstruación que ellas tienen, ese útero no está bien preparado para ello, las mamas no se han desarrollado todavía como para poder dar de lactar a los niños", precisa.

Viviana

El embarazo temprano, perpetúa el ciclo de pobreza de las jóvenes más vulnerables. En Loreto, la situación de carencia también se vive en la ciudad, en distritos como Iquitos y San Juan, de la provincia de Maynas. En esta zona urbana de la región, el 67% de la población cuenta con sistema de agua potable dentro de sus casas. En el área rural, solo el 7,4%.

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El río Itaya atraviesa gran parte de los distritos de Belén y San Juan. (Fotos: Carlos Hidalgo/ El Comercio)

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EL distrito de Belén es una de las zonas más pobres de la ciudad. (Fotos: Carlos Hidalgo/ El Comercio)

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En San Juan, los niños viven en casas de madera diminutas. (Fotos: Carlos Hidalgo/ El Comercio)

Viviana vive junto a sus papás y su hermano menor, en el distrito de San Juan. Su hijo tiene un año y tres meses. Le ha puesto el nombre de un futbolista brasileño porque dice que suena bonito.

Luce nerviosa y un poco distraída. Su hijo intenta jugar con el barro que rodea la casa pero su abuela no lo deja hacerlo.

Lo han vestido con una camiseta de los minions, un short y unos botines color marrón para que salga bien ante cámaras.

Afuera, un par de niños trata de sacar el lodo de una zanja para ponerlo como piso de sus casas mientras un grupo de obreros construye un segundo piso.

Viviana salió embarazada cuando tenía quince años y cursaba el tercero de secundaria. Fue su primera relación sexual. Su familia también descubrió su embarazo cuando llevaba cinco meses de gestación. Ella había aprendido a ocultar la barriga con el uniforme del colegio. Cuando su profesora se dio cuenta, dio la alerta a sus papás.

Además del temor que sentía por la reacción de su madre, Viviana también sintió pánico por lo que se le venía.

"Me sentía preocupada porque iba a ser mamá, y ya no iba a poder salir, porque ya no iba a ser igual", cuenta Viviana.

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Viviana quiere terminar el colegio y estudiar obstetricia para ayudar a las mujeres cuando dan a luz.  (Fotos: Carlos Hidalgo/ El Comercio)

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Su pequeño hijo es cuidado por su mamá cuando ella va al colegio. (Fotos: Carlos Hidalgo/ El Comercio)

Viviana perdió un año de escuela porque tuvo un embarazo con complicaciones. Pese a que en algún momento pensó en abandonar el colegio, hoy ha vuelto a clases porque no quiere quedarse atrás.

Su mamá ha sido su respaldo, dejó de trabajar para ayudarla a criar a su hijo. Ella también fue madre a los 16 años. Un legado que lamenta.

Que no dejen el colegio

Viviana, Karla y Sara son niñas que han contado con el respaldo de sus madres para no abandonar el colegio. Sin embargo, la realidad puede ser más complicada.

Según el Ministerio de Educación, 8 de cada 10 niñas y adolescentes embarazadas abandonan la escuela.

Luis Pineda, director regional de Educación de Loreto, dice que en los colegios se necesita orientación para que las escolares no dejen de estudiar

"El tema de orientación primero cómo hacemos posible que la niña o adolescente no abandone sus estudios y tenga la seguridad de seguir estudiando; y básicamente la protección de todos los actores que están en el entorno de la institución educativa, el director, los maestros. Además, que no sea objeto de discriminación por parte de sus compañeros por estar en esta situación", refiere.

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 Según el censo del 2017, el 30.5% de las adolescentes que no estudian ni trabajan son madres. (Fotos: Carlos Hidalgo/ El Comercio)

En el Perú, el Ministerio de Salud elaboró un plan para prevenir el embarazo en las adolescentes y reducir en 20% la prevalencia de esta problemática.

Más allá de los papeles y las promesas, ¿qué necesitan los y las adolescentes para que no terminen siendo parte de un problema de salud pública?

Hugo Rázuri, oficial de salud de Unicef - Perú ofrece algunos alcances

"Uno es, por ejemplo, esta información que se plasma en la educación sexual integral en las escuelas y en la información que puedan darles las familias a sus hijos. Lo segundo son los accesos a los servicios de salud, que pueden ser más amigables para los adolescentes. El Minsa tiene estrategias muy interesantes sobre cómo trabajar estos temas. Es importante que estos servicios tengan buenas técnicas de consejería, insumos de métodos anticonceptivos y lo tercero es el empoderamiento de los adolescentes. No se trata de decirle a los adolescentes no tienes que tener sexo tienes que retrasarlo, se trata de darle al adolescente todas las herramientas para que ellos mismos puedan empoderarse para que tengan autonomía para tomar decisiones y sepan ellos mismos decir quiero tener sexo ahora o quiero retrasar las relaciones sexuales, pero porque es una decisión que yo tomo conscientemente porque sé que es lo mejor para mí", asegura.

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En algunos hospitales públicos de Iquitos, se da orientación y consejería a adolescentes sobre educación sexual.(Fotos: Carlos Hidalgo/ El Comercio)

Karla, Sara y Viviana también celebraron este domingo el Día de la Madre junto a sus hijos y su familia.

Mañana ya será otro día, aunque la rutina será la misma.

Escucha el podcast en la aplicación de El Comercio

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