Otoniel Alvarado: la historia del profesor que expuso a Acuña
Otoniel Alvarado: la historia del profesor que expuso a Acuña
Pedro Canelo

Sobre la mesa del comedor de Otoniel Alvarado Oyarce hay cinco libros (todos escritos por él) y un recibo de luz. El autor de “Política educativa”, la publicación de la cual se apropió el candidato presidencial , es un hombre jubilado que tiene como primera preocupación el pago de sus cuentas. “Yo no tengo plata como cancha”, dice al momento de explicar que no tiene dinero para pagarle a un agente de seguridad –el domingo recibió amenazas tras ratificar que Acuña no le pidió permiso para reproducir su libro– o a un abogado para afrontar cualquier denuncia que proteja su propiedad intelectual.

El profesor Alvarado solo cuenta con su pensión de jubilado, con el pago por algunas labores como docente invitado en universidades limeñas y las regalías por los 15 libros que ha publicado en los últimos veinte años. Con 74 abriles, don Otoniel comenta que aún tiene energía para seguir  escribiendo aunque por ahora su tiempo de investigador está en pausa, debido a la sobrecarga mediática que vive con sucesivas llamadas telefónicas para entrevistas y mensajes de solidaridad de amigos que imaginaba perdidos.

Todos le piden que denuncie formalmente a César Acuña. Lo único que hoy Alvarado Oyarce podría escribir es un libro de reclamaciones. Dentro del hogar de Otoniel Alvarado Oyarce hay una sala extensa acompañada por adornos de viaje: una basílica de San Pedro en versión miniatura, un telar egipcio y un retablo cusqueño que hace homenaje al trabajo de los profesores. Este profesor antes de jubilarse cuenta que fue un trotamundos que incluso hizo estudios superiores en la Universidad del Valle de Cali de Colombia. Desde ese país ha llegado una llamada para una entrevista televisiva. Don Otoniel toma una muleta y sube apurado por la pequeña escalera que lleva a su estudio. Es lo más difícil en estos días como centro de la noticia. “Tengo una lesión crónica en los cartílagos de la rodilla y se hace pesado este sube y baja cada vez que me llaman”, explica aún tratando de evitar el tono de queja. En el 2002, cuando se enteró de que César Acuña había vuelto a publicar “Política educativa” adjudicándose la autoría, prefirió evitar ir a los tribunales porque,  según recuerda, en ese tiempo vivía el luto ante el fallecimiento de su esposa. Ese minuto de silencio duró 13 años y ahora fue derrumbado por el ruido fastidioso de un celular inteligente que recién ha aprendido a utilizar.

César Acuña solo fue un alumno más de los que tuve”, trata de definir con delicadeza Alvarado Oyarce. Lo recuerda aún en las aulas de la maestría de la Universidad de Lima como un estudiante que intentaba llevar de manera correcta el curso, pero que tenía serias limitaciones hasta para la participación oral en clase. Don Otoniel se detiene unos minutos para una comparación imprevista. “Acuña me hace acordar a Alberto Fujimori cuando lo tuve como profesor. Los dos igual de tímidos, los dos igual de transformados por un poder que envilece”, dice. Hace cerca de cuarenta años, llevó un curso de matemáticas con Alberto Fujimori, quien se dedicó a la labor docente hasta poco antes de su primera candidatura presidencial en 1990. El ex presidente fue calificado por Alvarado como un profesor “totalmente antipedagógico”. Y esta coincidencia que relaciona al poder político con el poder académico sirve para que este ex catedrático mencione uno de sus artículos como si fuera una triste profecía. En el 2009, Otoniel Alvarado escribió un texto llamado “Universidad privada: del botín económico al botín político”, en el cual cuestionaba la incursión de rectores o dueños de casas de estudios a cargos públicos. Fue un mensaje antes de tiempo para su alumno más ingrato.

Han pasado cinco días desde que este Diario denunció la apropiación intelectual de César Acuña del libro de Otoniel Alvarado. Y aún no hay ningún anuncio de disculpas públicas. Eso es lo que más desconcierta a este académico que ha hecho de su retrato junto al estudioso Mario Bunge una pieza de museo que solo muestra en ocasiones especiales. El profesor Alvarado conoció a César Acuña en la maestría de la Universidad de Lima a mediados de los años noventa. Fue sorprendido con una invitación de quien por ese entonces ya era dueño de la Universidad César Vallejo, aún solo con sede en Trujillo, para publicarle sus libros sobre administración educativa. “Me pareció raro que quiera publicar mis libros y que no me invite a enseñar. Menos mal que no lo hizo”, ironiza. Hace unos 15 años, un colega le dijo a don Otoniel que estaba “vetado” para dictar en la Vallejo. Dudó mucho en esos días; sin embargo, hoy esa ecuación ha sido resuelta por el profesor.

HIJO DEL AMAZONAS
Otoniel Alvarado Oyarce nació en la localidad de San Francisco del Yeso, ubicada en el departamento de Amazonas. Uno de sus 15 libros lo dedicó a describir con detalle este pueblo que en la época del gobierno de Odría fue obligado a borrar todas las pintas que apoyaban al Partido Aprista. “No soy militante del Apra, eso ya se aclaró con los padrones. Pero sí admiro el pensamiento de algunos fundadores de ese partido como Haya de la Torre, que en la década del cuarenta llegó a mi tierra”, aclara este profesor por la acusación que hizo sobre él la candidata al Congreso por APP (y actual vicepresidenta) Marisol Espinoza. Alvarado trabajó en el Ministerio de Educación en la primera etapa del gobierno de Alan García y fue retirado de su cargo cuando Mercedes Cabanillas ascendió como ministra.

En la introducción de su libro “Política educativa”, dice textualmente: “Creo que toda persona que se ha consagrado con alguna seriedad a una labor académica llegada la ocasión está obligada a poner a consideración del público su pensamiento”. Ese extracto también suena a premonitorio para la larga cadena de tropiezos que ha sufrido César Acuña, el fundador de la Universidad César Vallejo, en la campaña desde que tuvo su primera gran aparición mediática en la última CADE.

Según Alvarado, todo lo que está pasando César Acuña es consecuencia por el apuro en una candidatura que podría tambalear con las repetidas investigaciones por plagios en trabajos académicos. “Mi próxima publicación se la voy a poner bastante difícil, la voy a titular ‘La metafísica de la gestión educativa’. A ver, que reproduzca eso, lo reto”, bromea. El profesor desaprueba con un rojo intenso la candidatura de APP sin ceder opción a ningún examen de recuperación.

Su carrera como catedrático reúne casi cincuenta años en centros de estudios como la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Unifé, Universidad Nacional de Trujillo, Universidad de Lima, La Cantuta, etc. Dice que en este período se ha encontrado con incontables casos de plagios en  tiempos donde, incluso, no existía la tecnología para detectarlos: “Hay un síndrome en la educación peruana que yo llamaría ‘TMT’, es decir Todo Menos Tesis. Solo el 10% o 15% del  alumnado alcanza esos niveles académicos de reflexión e investigación”. Usa dos casos emblemáticos para explicarlo mejor: hace casi veinte años detectó que una alumna había reproducido un informe burocrático como una tesis de maestría en la Universidad de Lima y poco tiempo después un alumno le pidió que le autografiase su libro “Supervisión educativa” en versión pirata. Lo de César Acuña fue la última página de un libro que Otoniel Alvarado Oyarce aún podría animarse a escribir.