Fernando Vivas

No esperen de la Iglesia católica un comunicado que se aupe al ‘¡qué se vayan todos!’ o que nos pida ser pacientes hasta el 2026 con ‘Pedro, la oveja descarriada’. El clero contemporáneo no incendia praderas ni condena a la hoguera. Se reúne, discute y de ahí sale un cálido humo blanco. Ni siquiera señala a los culpables con nombre y apellido porque se atiene al lema de “no importan los principios, sino las personas”. De modo que, como me piden mis fuentes eclesiales, contentémonos con estas líneas del punto 15, uno de los 18 puntos del extenso comunicado de la CEP (Conferencia Episcopal Peruana) de jueves pasado:

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