RUTINA DE ALTURA.  Enrique Cuno Canqui, (de pie), representante de la isla Balsero Chimu, recoge totora cada mañana. Es su sustento y un modo de vida ancestral.
RUTINA DE ALTURA. Enrique Cuno Canqui, (de pie), representante de la isla Balsero Chimu, recoge totora cada mañana. Es su sustento y un modo de vida ancestral.
Daniella Toce

Un cóndor recibe a las visitas desde lo alto de un mirador. Está hecho completamente de totora, como las casas, las balsas y el mismo suelo sobre el que caminamos en la isla. “No sé qué hubiera sido de nosotros sin la totora”, remarca Enrique Cuno Canqui, mientras hace una demostración de la construcción de la isla Balsero Chimu. Se empieza con la raíz de totora, que, enmarañada, flota hacia la superficie. Se enlazan los bloques con alambre y paja y se ajustan en el lecho del lago para no flotar sin rumbo. Finalmente, se ponen capas de totora seca que sirven de piso. Sobre el bloque coloca una casa, hecha con totora también, y una balsa que va anclada a la isla. “Pero no está completa sin una familia”, comenta Enrique, y atrás de él, su esposa Angélica Panca teje artesanías sentada afuera de la casa.

La totora ha estado presente en cada uno de los momentos de sus vidas, desde que él era un niño y veía a su padre hacer kesanas (tarimas hechas a base de totora tejida). Angélica llevaba a pastar al ganado de su familia a la orilla del lago. Hasta ahora manejan la isla y la ven como una oportunidad de salir adelante y poder acercar su cultura y tradiciones a otras personas. Hoy en día, el estilo de vida de las comunidades convive estrechamente y forma parte del ecosistema del lago.

Con el paso del tiempo han comprobado que se puede hacer turismo responsable de manera sostenible con el medio ambiente y sin dañar el lago Titicaca. Este beneficia directamente a más de 3 millones de personas que viven alrededor y posee una biodiversidad única en el mundo: distintos tipos de aves, peces nativos y anfibios dependen del agua del Titicaca para su subsistencia. Las familias de la isla se turnan para salir en una balsa en las mañanas y recoger botellas, plástico y toda basura que flota en el lago y que contamina la zona. “Recogemos la basura del lago, limpiamos, sacamos a tierra firme y entregamos al basurero”, cuenta Angélica, con la esperanza de que el agua cristalina atraerá más turismo a la isla.

ISLEÑA. Angélica Panca, artesana y miembro de la Asociación de Eco Artesanías de Totora Titikaka. No se imagina la vida fuera de la isla. “Yo no pienso estar en el seco, quiero vivir acá cerca de la orilla. Acá me siento más tranquila”.
ISLEÑA. Angélica Panca, artesana y miembro de la Asociación de Eco Artesanías de Totora Titikaka. No se imagina la vida fuera de la isla. “Yo no pienso estar en el seco, quiero vivir acá cerca de la orilla. Acá me siento más tranquila”.

LAS TEJEDORAS CHIMU

En tierra firme, casi al frente de la isla, una puerta de madera resguarda el centro de interpretación de totora de la Asociación Eco Artesanía de Totora Titikaka. Ahí se exponen los productos para la venta y se brinda una explicación de la historia de la totora y los lazos tejidos inseparablemente entre ella y la cultura Chimu. La asociación reúne a 18 personas de la comunidad en la práctica ancestral del tejido y el manejo sostenible de la totora; de este grupo, 15 son mujeres.

Las mujeres de Chimu han ido perfeccionando a lo largo de los años sus habilidades en artesanía: donde antes solo sabían hacer kesanas tradicionales, ahora su técnica se ha refinado para hacer productos decorativos más que utilitarios, orientados a la demanda del mercado actual.

“La más difícil es la gallina”, se ríe Angélica. Prefiere hacer paneras de distintos tamaños y colores. Cuando vamos al centro de interpretación, nos encontramos, para su orgullo, con que todas las que había hecho ya se habían vendido.

KESANAS. Detalle de tejido de ‘colchones’ tradicionales de totora para dormir. Es lo primero que se aprende a tejer en la isla.
KESANAS. Detalle de tejido de ‘colchones’ tradicionales de totora para dormir. Es lo primero que se aprende a tejer en la isla.

La asociación les brinda a las mujeres de Chimu un espacio seguro en el que pueden trabajar de manera articulada. Así, han logrado mejorar la calidad estándar de su producción y esto les ha dado fuerza para empezar a separarse de los intermediarios, a quienes por años han vendido sus artesanías para ser revendidas en otros espacios turísticos, y vender sus productos de manera directa. La venta directa significa ingresos más justos por su trabajo y mayor desarrollo para ellas y sus familias.

“Yo soy una mujer valiosa, fuerte. Puedo lograr las cosas que quiero y lo voy a hacer”, dice Angélica cuando se describe. Es también una mujer que preserva su cultura. Enseña a su hija Camila sobre el tejido de totora y, en la isla, teje y borda con sus sobrinas en las tardes. Pone énfasis en la importancia de seguir enseñando sus tradiciones y técnicas. “No se puede perder. Si se pierde, ¿quién lo va a hacer?”.

CULTURA VIVA. Familias de la isla Balsero Chimu aplicando nuevas técnicas de tejido de totora para la venta directa de artesanías.
CULTURA VIVA. Familias de la isla Balsero Chimu aplicando nuevas técnicas de tejido de totora para la venta directa de artesanías.

Son el arte que ha heredado a través de los años, que ahora hereda a otras mujeres, y el conocimiento ancestral del manejo de la totora quienes les han permitido abrirse espacio en el campo de las artesanías como las especialistas del tejido de totora en el circuito del lago Titicaca en Puno. Son justamente estas tradiciones las que, de manera articulada a través del emprendimiento turístico, van a continuar construyendo desarrollo para la comunidad de Chimu. //

TURISMO COMUNITARIO

Puno es el cuarto destino más visitado del Perú y el lago Titicaca es su mayor atractivo turístico. A través de tradición, la cultura y la naturaleza, representa una oportunidad para las comunidades que lo habitan de capitalizar emprendimientos turísticos.

Las actividades turísticas en el centro poblado de Ichu, Puno, cuentan con el apoyo técnico del Proyecto Qhapaq Ñan.

Este esfuerzo se implementa en Ecuador, Perú y Bolivia por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con financiamiento de la Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo (AICS).

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